A la memoria de Camil Busquets

Francisco Zaragoza

Por los años sesenta del siglo pasado, coincidí en más de una ocasión, en el puerto de Barcelona, con una persona, bajo de altura, de cierta edad, en referencia a este autor. En aquel tiempo, inexorablemente siempre iba provisto de una cámara fotográfica. Impresionaban las unidades navales que atracaban en nuestras dársenas, de diversas enseñas. Llevado por la curiosidad, le consulte a un guardia que mantenía una cierta relación. ¿Sabes quién es? La respuesta fue ¿fotografía todos los buques de guerra que llegan al puerto y además tiene permiso?

Pasados los años y en las charlas que asistía en el Museu Marítim de Barcelona, me costó recordar aquella persona que en ocasiones se sentaba o me sentaba a su lado. Era el mismo que tenía permiso para fotografiar buques.

De haber nacido en otro país, que la cuestión marítima tuviera otro predicamento, y sobre todo un mayor seguimiento, versus conocimiento, Camil Busquets i Vilanova, tendría sin duda un lugar destacado.

El amor por los buques, partió desde temprana edad. Busquets poseía un establecimiento en Sants que vendía maquetas de barcos.  Trescientas mil fotografías de embarcaciones de todo tipo, conservadas y archivadas perfectamente, es el legado que nos dejó. Amén de lo anterior fue autor en solitario y en colaboración con otros autores de diversos libros cuyo tema eran el mar y sus barcos. Poseía un enorme conocimiento de la historia naval, de los aparejos, armamento, instrumental con que están equipados los buques de carácter militar, así como veleros.

Busquets poseía un enorme conocimiento de la historia naval y fue autor de diversos libros cuyo tema eran el mar y sus barcos

En lo particular, fue persona de un carácter bondadoso, no exento de un fuerte carácter, y un humor sui generis a caballo entre alemán (tenía una pasión por este país, en especial por su música) y el inglés, humor y sarcasmo, por partes iguales. Al afrontar sus últimos días, en que dejó escritas sus últimas voluntades, entre las que se incluía, cómo debería ser la ceremonia de su despedida, cuyo punto final fue el canto de la salve marinera a capela por los asistentes al acto.

Mantuvo estrecha relación con la US Navy (1), así como con diversos cónsules de Estados Unidos en Barcelona. Idéntico con la marina de guerra de nuestro país, con los cuales mantuvo estrecha relación, durante toda su vida. Prueba de ello, fue que, en cumplimiento de su testamento, sus cenizas fueron lanzadas al mar, en una ceremonia muy emotiva, en la cual participaron dos patrulleros de la Armada, que llegaron a Barcelona, con ocasión del Salón Náutico, siendo el lugar elegido, fuera de la boya, que delimita la entrada salida, del puerto. Y en el plano personal sostenía colaboraciones con personas afines en Australia, Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica, Inglaterra y Francia.

Camil, un recuerdo.

(1) Estamos por los años cincuenta de siglo pasado, tras los acuerdos alcanzados por el Gobierno de España y los Estados Unidos, empezaron a llegar a Barcelona unidades de la US Navy, lo que se conocía como la Sexta Flota. Camil Busquets estaba disfrutando con su inseparable máquina fotografiando unas unidades atracadas en los muelles en el puerto. Ello no era práctica habitual por aquellos años. En relación o por ello, fue requerido por un Guardia Civil que le extraño esta actividad de Camil Busquets. El caso es que terminó donde acababan todos por aquellos años detenido y trasladado a las dependencias de la Via Laietana.

Cuando fue puesto a disposición del comisario de turno, a este se le presentó una papeleta especial, ya que los casos que trataba a diario eran de otra índole, entre los cuales no encajaba este caso, y como no era su cometido, solicitó la presencia del cónsul de Estados Unidos en Barcelona, el cual se presentó a la brevedad requerida en dichas dependencias.

Cuando el diplomático se enteró de la motivación de su presencia en aquellas dependencias, confirmadas por el amigo Busquets en un inglés impecable, ambos salieron juntos de la Comisaria. El cónsul le invitó como desagravio a una comida y facilitándole posteriormente una autorización, para que en el futuro no tuviera otro incidente igual al vivido. Este hecho dio pie a que los sucesivos cónsules nombrados, conocieran este incidente, teniendo el soporte de los mismos, así como de EE UU.

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