Cruce de caminos

Una desaceleración en el transporte de contenedores es quizá el problema más directo al que los transportistas deben enfrentarse en el 2023 pero no es el único, pues el sector lleva soportando un irrefrenable aumento de sus costes desde antes de la pandemia.

Por lo que se refiere a lo que puede sobrevenir al 2023 hay expectativas que pueden acaecer de forma negativa en el sector del comercio exterior. La incertidumbre en el mercado es una cuestión que afecta a los transportistas de forma directa.

La rotura del ritmo de la cadena logística, tuvo una disrupción importante con la pandemia, de repente no había contenedores, ahora sobran contenedores, los buques no llegan, la escasez de materia prima, puedes hacer un símil con el trabajo en cadena que tienen que estar afinado a la perfección, y que, solo que falle algo pequeño la cadena se para y no se puede volver a poner en marcha de la noche a la mañana.  Durante la pandemia no aprendimos y al poco nos hizo falta un barco atascado en el Canal de Suez, una guerra que nos dispara la inflación y otro brote de coronavirus en China para darnos cuenta que tenemos que tener opciones que nos permitan proveernos más cerca, porque lo que funcionaba ya no funciona y necesitamos opciones.

La subida del precio del carburante de este año marcó el inicio para establecer medidas para la mejora de la viabilidad del transporte terrestre por carretera,  pero puso al descubierto otro tipo de dificultades de las cuales lleva muchos años el sector haciendo frente.

Y es que, una desaceleración en el transporte de contenedores es quizá el problema más directo al que los transportistas deben enfrentarse en el 2023 pero no es el único, pues el sector lleva soportando un irrefrenable aumento de sus costes desde antes de la pandemia.

Las circunstancias que se van cocinando desde hace años con las normativas europeas y los acuerdos internacionales atacan directamente a la sensibilidad de un sector desamparado ante un mundo cambiante, sabemos que no podemos estar así, pero no sabemos hacia dónde ir.

Las modificaciones de la normativa para la sostenibilidad del sector del transporte terrestre tales como: la implementación del contrato de transporte continuado, la prohibición de carga y descarga por parte del conductor y la prohibición de fijar un precio del transporte por debajo de su coste son solo algunas de las regulaciones a dificultades que tenía el sector y que impedía a muchas empresas hacer rentable el ejercicio de su actividad.

La cuerda de consumo por la que se sustenta toda la cadena de suministro se ve tensada por el contexto geopolítico actual pero para el transportista es una cuerda que ya estaba en tensión desde hace muchos años (2008). 

Llevamos varios años fraguando un entorno laboral poco atractivo para las nuevas generaciones y que las iniciativas para fomentar el acceso a la profesión de conductor hoy por hoy son un cúmulo de incertidumbre.

En este sentido, cabe mencionar que llevamos varios años fraguando un entorno laboral poco atractivo para las nuevas generaciones y que las iniciativas para fomentar el acceso a la profesión de conductor hoy por hoy son un cúmulo de incertidumbre, pues, el coste para acceder a la profesión es muy elevado para los nuevos aspirantes y si a eso le sumamos la precariedad laboral a la que se pueden enfrentar obtenemos la fórmula perfecta para la ausencia de relevo generacional en la profesión. Desde la asociación tenemos muy presente todos estos problemas pero también debemos caer en la cuenta que la escasez de conductores no es un problema que afecte exclusivamente a los transportistas si no que es un problema que afecta a toda la cadena de suministro y  por consiguiente a todos los actores que intervienen en  la misma.

El 2023 será un año lleno de incertidumbre con la guerra en Ucrania que seguirá encareciendo las fuentes de energía para los productos básicos por un  lado y por el otro con la desaceleración del movimiento de contenedores por parte de China.

No sabemos si cambiará la línea de negocio a proveedores de proximidad con más cantidad de rutas de puerto seco, menos buques pero más grandes y espaciados en el tiempo. Lo cierto es que, con la que está cayendo y la presión de los gobiernos por ser cada vez más sostenibles la actitud debe ser prudente. Añadir a todo esto que, una cadena de suministro deficiente distará mucho de ser sostenible.

Nos tocará hacernos fuertes en nuestra parcela, en nuestro eslabón, reinventarnos una vez más y esperar que en los próximos años seamos capaces de tener una cadena de suministro fluida acorde con la capacidad de trabajo de toda la comunidad portuaria y vehículos con motores más sostenibles y que a su vez sean eficientes y rentables.

Estamos ante un nuevo paradigma, un cruce de caminos, un antes y un después en el mundo de la logística y de la sociedad en general que caminan hacia un futuro incierto.

El 2023 nos trae desafíos que son una oportunidad, una oportunidad de hacernos fuertes y de remar hacia una misma dirección.