El Corredor Mediterráneo vs la ruta del Ártico

Francisco Zaragoza

El 11 de junio visioné por streaming la conferencia que pronunció Ricardo Barkala, presidente de la Autoridad Portuaria de Bilbao, con ocasión de la presentación del anuario sobre el puerto bilbaíno, publicado por El Canal Marítimo y Logístico.

Cada puerto tiene sus peculiaridades, y así mismo luchan por conseguir y como no podría ser de otra manera, lo mejor para el suyo, en unos momentos los actuales en que, al margen de las problemáticas particulares, una de ellas ha sido reiterada en varias ocasiones. Hay que vencer las consecuencias de lo que hemos padecido y estamos padeciendo.

Me llamó poderosamente la atención del presidente del puerto de Bilbao, que en una ocasión hizo un renuncio a lo político, diría que, si se dedicara a ello, sería un caso extraño, puesto que, salvo error u omisión, no lo he visto perpetrado del soporte papel, lo que sin duda dice mucho de su capacidad de síntesis y memoria.

Descendiendo a los temas expuestos por Ricardo Barkala, y sin menos cabo de todos ellos, me quedo con dos, pero únicamente en este escrito me referiré al ferrocarril.

El ferrocarril, entendiendo este como el conjunto de crear una línea de A – B, es un tema a largo plazo en ejecución y máxime en nuestro país, porque como siempre no impera el bien común, si no las voluntades particulares, que retardan de por si el plazo de ejecución de la obra.

Hace diez años acudí a una conferencia, en Barcelona, que tenía por objeto dar a conocer las ventajas de todo tipo que supondría para el país la construcción de la conexión denominada el Corredor del Mediterráneo. El trazado del mismo con pequeñas variantes ya lo habían previsto los romanos, en los años que convivieron con nosotros. En aquella conferencia y tomando como referencia el movimiento de teus de las navieras que operaban con los puertos del Norte de Europa, procedentes de Extremo Oriente, y que, de existir el Corredor Mediterráneo, serían descargados los contenedores en el puerto de Algeciras u otros. Seguidamente serían cargados en vagones, para la entrega a sus destinarios. Acortaría los plazos (transit time), evitándose de esta manera el viaje hacia los puertos de destino y el costo que representaba para el armador, en días, combustible y demás, lo que sin duda rentabilizaría la conexión ferroviaria y quien la operara siempre tenían en cuenta la longitud de los convoyes.

Hemos avanzado en estos diez años, una obra aquí, otra allá, pero el conjunto del Corredor Mediterráneo en si no está terminado y el horizonte de todo ello, todavía no es visible. Lo que no es difícil de vaticinar, es que cuando concluya todo ello, las navieras ya no les serán rentable el transporte por nuestro país, ya que nos vamos acercando cada vez más a la apertura del Ártico.

Quien o quienes intenten exponer las dificultades de las obras del Corredor Mediterráneo en concreto u otras conexiones, por favor que acudan a la historia y consulten cuando se realizó en Estados Unidos la construcción de la línea ferroviaria entre el Este y el Oeste.