El error de considerar el puerto como una unidad

Francisco Zaragoza

Esta es una complicación, que, si bien ha existido desde hace tiempo, no tiene razón de ser en la actualidad, cuando lo que se demanda de las administraciones es que la agilidad y celeridad presidan todos sus actos y máxime cuando de ello pende el resultado final. Y esto se complica un poco más, cuando deben operar varios organismos al unísono.

Hay muchas personas que entienden erróneamente el puerto como una unidad. Desconocen que en el mismo coexisten diferentes organismos, con diferentes funciones, con estructuras propias y que en la mayoría de los casos ignoran lo que hacen los otros.

El puerto o los puertos tienen un Norte a conseguir que es la fiabilidad y la eficiencia. Para ello hay que superar un escollo cual es la paz social. De ello hablaba en la pasada conferencia, auspiciada por El Canal Marítimo y Logístico el presidente de la Autoridad Portuaria de Bilbao, Ricardo Barkala. Y de la fiabilidad y la eficiencia no solo depende el puerto en sí, si no de aquel conglomerado que facilita la agilidad administrativa tanto de salida como entrada.

Cuando un determinado organismo piensa que la labor que está realizando cumple los cánones que le impone su gestión, cabría consultarte si ellos convergen en los que precisa el puerto en aras a su eficiencia. Si estamos en el primero de los escenarios tenemos uno de los motivos por lo que no cristaliza de una forma definitiva la denomina ventanilla única, que consiste básicamente en sacrificar parte de lo propio, en beneficio del bien general, léase puerto.

En el año noventa y cinco del siglo pasado visité Liverpool por motivos profesionales. Un transitario me consultó cuánto se tardaba en Barcelona para despachar un contenedor de importación. Mi respuesta: “tres días”; la contestación del mismo del británico: “aquí tres horas después de la llegada de buque”.

El puerto, los puertos y los que operan en los mismos deben de tener la mirada puesta en lo que hacen los demás, No para superarlos que sería lo deseable, si no para igualarlos, ya que de esta manera partiríamos del mismo punto. De lo contrario, en peores condiciones, los que tienen la bandeja por la mano se decantan por otros en los que reine la calma y la celeridad.

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