El método

Rafa Martín

Exconsultor en Aprendizaje

Dijo Confucio: “Lo que oigo lo olvido, lo que veo lo recuerdo, lo que hago lo aprendo”. No es un mal principio basarse en la sabiduría que tiene más años que nuestro calendario, pero los tiempos vuelan y hoy, la Inteligencia Artificial (IA) amenaza con cambiar radicalmente muchas profesiones, administrativos, abogados, médicos, programadores…, entre ellas también la del maestro y el formador.

La formación en la empresa y la ocupacional se convirtieron en un buen negocio con la llegada de las subvenciones europeas que expandió la organización de cursos de todo tipo, aunque el modelo metodológico buscó adaptarse y huir del viejo e ineficaz método que ha predominado en la escuela, mucho magistral. El método del caso, las dinámicas de grupo, el trabajo en equipo y la participación activa han sido estiletes metodológicos de las escuelas de negocio y llegaron a las aulas ocupacionales e incluso a la formación reglada para mejorar bastante el paradigma de la enseñanza.

También llegó el power point, y la fiebre de los másteres. Nos convertimos en lectores pasivos mirando el cogote del que exponía el tema de turno, y atacados por la titulitis, en objeto de negocio de los expendedores de títulos oficiales. Aprender no aprendíamos mucho en muchos sitios, pero relaciones sí que se hacían, más de uno se casó tras un máster, pero eso es otra historia.

La Inteligencia Artificial (IA) amenaza con cambiar radicalmente muchas profesiones, administrativos, abogados, médicos, programadores…, entre ellas también la del maestro y el formador

El verdadero aprendizaje echa raíces con otros procedimientos, exige un dominio total del método interrogativo, más inducción que deducción, máxima atención al estilo individual de aprendizaje y, sobre todo, saber manejarse en ese territorio de las hipótesis y el descubrimiento. Poco enseñar y más facilitar el autoaprendizaje, la investigación, la elaboración y aplicación práctica de los contenidos a las necesidades, intereses y situaciones particulares, más capacidades emocionales para motivar y retar…

Cada día que pasa la ciencia tiene un conocimiento más preciso sobre cómo funciona nuestro cerebro y cómo la bioquímica actúa para generar el miedo, la atracción o la indignación. Los sentimientos, las emociones, la función de la amígdala o el cerebelo son ya un hito prácticamente conquistado por el conocimiento y la ciencia, y son susceptibles de traducirse al lenguaje binario.

Al mismo tiempo, la tecnología informática se ha desarrollado hasta límites que nos es difícil comprender a la mayoría de los mortales. La era de los ordenadores cuánticos va a multiplicar la ya enorme capacidad de analizar millones de datos de los actuales superordenadores y alcanzar operaciones matemáticas imposibles. Y los algoritmos, cada día más sofisticados, funcionan como nuestra inteligencia emocional, calculando, evaluando alternativas y ofreciendo la mejor opción. Solo que tienen mucha más potencia de cálculo, gestionan una ingente cantidad de datos e información y aprenden mucho más rápido que nuestro limitado cerebro.

Los algoritmos manejarán nuestras vidas, entenderán nuestros sentimientos mucho mejor que nosotros mismos y, lo que es quizás peor, confiaremos en ellos más que en los humanos de carne y hueso. De hecho, hace ya mucho que confiamos en los algoritmos de Google para encontrar información, si no sale en la primera página del buscador es simplemente irrelevante. El GPS está atrofiando nuestra capacidad de orientación que ya no usamos, nuestro algoritmo de Netflix empieza a ser más rápido y mejor que nosotros mismos para encontrar la película o serie que nos guste entre la inmensa base de datos que tanta pereza nos da consultar y tanto tiempo nos roba…

Los algoritmos manejarán nuestras vidas, entenderán nuestros sentimientos mucho mejor que nosotros mismos y, lo que es quizás peor, confiaremos en ellos más que en los humanos de carne y hueso. De hecho, hace ya mucho que confiamos en los algoritmos de Google para encontrar información, si no sale en la primera página del buscador es simplemente irrelevante

La enseñanza y el aprendizaje no escaparán a este conjunto de disrupciones que ya están ocurriendo. Las matching learning, deep learning y demás familia de la IA de última generación serán más eficaces para encontrar nuestras motivaciones y formularnos retos en sintonía con nuestro peculiar estilo de aprender, para proponernos un plan ad hoc de simulaciones y desafíos según nuestras capacidades y momento emocional, hasta para sugerirnos nuestra mejor carrera profesional o mejor ruta formativa de acuerdo a nuestros intereses y competencias actuales.

Puedes creer que es ciencia ficción, quizás pienses que es un futuro lejano todavía, pero la IA es ya una diferencia competitiva determinante y dentro de poco confiaremos en los tutores y orientadores inteligentes hasta para elegir a la mejor pareja para casarnos. Simplemente nos comprenderán mejor que nuestra madre y psicoanalista juntos y gestionarán cantidades indecentes de conocimiento. No serán perfectos, seguro, pero serán mucho mejores que los humanos en muchas tareas, y seguramente conducir el aprendizaje será una de ellas.

¿Lo dudas o lo temes?

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