El Port Olímpic Living Lab: un campo de pruebas para la innovación en economía azul

El programa, impulsado por el Port Olímpic y A Bordo Lab, avanza hacia la experimentación de soluciones de economía azul en espacios reales

Lo que hace apenas un tiempo podía parecer una idea utópica, ahora empieza a tomar forma entre veleros, yates y actividad náutica. Imaginar el Port Olímpic de Barcelona como un gran laboratorio cognitivo y práctico para acelerar proyectos vinculados con la economía azul ya no es una hipótesis, sino una realidad en construcción. El programa pionero en innovación Port Olímpic Living Lab, impulsado junto a A Bordo Lab y con un año y medio de recorrido, busca aprovechar el ecosistema náutico y la infraestructura del recinto para llevar las ideas a la práctica y convertirlas en proyectos reales, escalables y ligados a la innovación y la sostenibilidad.

El Port Olímpic Living Lab se enmarca en la transformación que el Port Olímpic ha acometido en los últimos años desde que Barcelona de Serveis Municipals (BSM) asumiera la concesión, pasando de ser un enclave principalmente asociado al ocio nocturno, a atraer un importante ecosistema de empresas náuticas. “La ciudadanía dejó de venir, y el objetivo era recuperar el Port Olímpic para ellos”, señala Olga Cerezo, directora general del Port Olímpic.

Parte de este espíritu se centra en la náutica popular y las embarcaciones pequeñas, es decir, en la sostenibilidad social del Port Olímpic, que se ha aprovechado para crear un programa que complementa el espíritu ciudadano del recinto a través de la sostenibilidad ambiental y económica. “Hoy en día no se puede hacer un proyecto sin que sea sostenible. Por ello, apostamos por la economía azul, pero más allá de colocar empresas en locales, queríamos que las empresas viniesen aquí porque les ofrecíamos algo más, una comunidad que se retroalimente, haya sinergias y pueda aprender con nosotros a través del Port Olímpic Living Lab”, detalla Olga Cerezo.

Consultoría con metodología innovadora y práctica

La directora del Port Olímpic explica que “la comunidad vinculada a la economía azul que reside en el Port Olímpic y lo que nosotros abordamos son empresas pequeñas. Cerca del 40% de los amarres son empresas, no son particulares, y hay muelles donde las compañías son náuticas, buzos o empresas de formación. Aquí no caben grandes embarcaciones o empresas, por lo que están más limitadas a innovar y a incorporar nuevas tecnologías”.

Así, el Port Olímpic Living Lab hace las veces de una consultoría o asesoría, pero va más allá del concepto incorporando las últimas innovaciones metodológicas y prácticas: “Somos un puerto y una empresa pública y no tenemos metodología de consultores”, recuerda Olga Cerezo. Por ello, se estableció una alianza con A Bordo Lab, que ha innovado en el concepto tradicional de consultoría para dar paso a un nuevo modelo basado en tres pilares.

Primera fase: identificar inquietudes y buscar soluciones

El primero de ellos son los Living Labs, laboratorios “vivos” donde empresas, instituciones y ciudadanía colaboran para identificar y dar respuesta a retos reales vinculados con la economía azul. Se trata de la primera fase del Port Olímpic Living Lab, y consiste en sesiones de trabajo dinámicas y participativas donde se experimenta con una nueva metodología para buscar transformar las ideas e inquietudes en acciones que tengan un triple impacto: ambiental, económico y social.

Durante esta primera etapa, el programa partió de una premisa: “poner la primera piedra” para atraer al entorno del Port Olímpic a personas y organizaciones capaces de contribuir con sus conocimientos, ideas e inquietudes para detectar retos reales y, al mismo tiempo, buscar soluciones. “No queríamos que fuera una demanda unidireccional desde el público hacia el puerto, sino que fuera de todos para todos”, explica Pat González, CEO de A Bordo Lab.

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Olga Cerezo, directora general del Port Olímpic, y Pat González, CEO de A Bordo Lab

La metodología empleada se basa en el modelo de la quíntuple hélice, que incorpora a la Administración pública, las empresas privadas –tanto grandes compañías como emprendedores–, el ámbito científico y universitario y la ciudadanía. Aunque la comunidad todavía no es masiva, el programa ha conseguido generar una participación recurrente. “Tenemos personas que han venido a un evento, a otro y a otro”, apunta Pat González.

El formato elegido han sido sesiones participativas en torno a diferentes ámbitos de la economía azul. A lo largo de esta primera fase, se han abordado cuestiones relacionadas con la salud azul, la tecnología, la contaminación y la biodiversidad, pero también asuntos más concretos para las empresas instaladas en el Port Olímpic, como el análisis de los consumos eléctricos, las torretas de suministro o las energías verdes.

Dos cuestiones, sin embargo, se han repetido prácticamente en todas las sesiones: la financiación y la comunicación. “La financiación sale prácticamente en cada sesión”, explica Cerezo, que destaca las dificultades que tienen las pequeñas empresas para acceder a recursos que les permitan innovar o incorporar nuevas tecnologías. En este sentido, la comunicación también se ha identificado como uno de los retos del ecosistema: cómo explicar qué es la economía azul y cómo conseguir que llegue a públicos que permanecen fuera de los círculos especializados.

Segunda fase: “madurar” ideas en proyectos

El programa entra ahora en una segunda fase en la que el objetivo ya no es únicamente detectar inquietudes, sino convertirlas en proyectos y llevarlos a entornos reales. “Aquí se está creando un semillero para poder hacer lo que ahora estamos empezando a abordar en la segunda fase, que es entrar en proyectos”, señala González. Desde mayo, esta nueva etapa se articula a través del Shackleton Project, un programa de “incubación” desarrollado por A Bordo Lab. El objetivo es recoger los proyectos surgidos del ecosistema y acompañarlos durante su proceso de “maduración”. 

Tercera fase: los proyectos entran en acción

Posteriormente, los proyectos con mayor grado de madurez pasarán a formar parte del Odyssey Project, centrado en los testbeds y sandboxes. El primero consiste en utilizar espacios reales para probar tecnologías, metodologías o nuevos modelos de negocio antes de llevarlos al mercado, mientras que el segundo aborda otro de los obstáculos habituales para que una innovación llegue al mercado: la regulación, trabajando sobre las normativas y los marcos regulatorios que pueden limitar la implantación de una tecnología.

La idea es que los proyectos que surjan puedan posteriormente escalarse y replicarse en otros puertos. “Uno de los logros sería que una empresa pueda decir: participé aquí, me asesoraron y me dijeron que fuera allí porque me van a ayudar”, resalta Olga Cerezo.

Así, el Port Olímpic Living Lab busca pasar de la conversación a la experimentación, y de la experimentación a proyectos con posibilidades reales de llegar al mercado. El modelo parte del Port Olímpic de Barcelona, pero aspira a convertirse en una metodología replicable para impulsar la innovación y la regeneración de otros puertos del Mediterráneo y el mundo.