El sector deberá seguir batallando para “ser útil” para los clientes y la sociedad

Inmaculada Ugarteche

Directora de UniportBilbao

Dejar fuera a las mujeres es dejar el 50% del talento sin utilizar

Las tensiones y la incertidumbre serán un factor distorsionador en la logística de los próximos años

En una etapa profesional anterior me solicitaron hablar de la previsión de tráficos para el futuro. Encargué a un amigo dibujante una viñeta que reflejase un mago con su bola de cristal. Con todo el respeto hacia los lectores, voy a tratar de ver a través de esa bola de cristal cómo veo los próximos años y cómo me gustaría que fuesen para el sector de la logística integral y la logística – portuaria en particular.

Aun deseando como sector ser muy activo y con ello contribuir al desarrollo del entorno, nuestra actividad está estrechamente ligada a lo que sucede en el mundo. De partida, la pandemia ha cambiado el mundo y lo ha desacelerado, por lo que, salvo en casos concretos, creo que se verá una ralentización del comercio internacional hasta tanto en cuanto no se consiga controlar el impacto del coronavirus en la vida cotidiana y, con ello, la situación económica en el mundo.

Por otro lado, la debilidad, o más bien los disensos en los organismos multilaterales, tampoco van a ayudar a conseguir la estabilidad que demandan los acuerdos de largo recorrido, las inversiones que de ellos se derivan y que promueven el comercio internacional; es decir, las tensiones derivadas de la debilidad actual de la OMC o la incertidumbre de la aplicación del Brexit en el marco más cercado seguirán siendo un factor distorsionador en los próximos años.

Por el contrario, el mundo no se va a detener y la demanda energética mundial seguirá creciendo y con ello tirará de la demanda de todo tipo de equipamientos para nuevas instalaciones. Según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el incremento de población en el mundo y el crecimiento de las poblaciones urbanas llevarán aparejados el crecimiento equivalente a un cuarto de la demanda de energía actual. Las empresas industriales del entorno portuario lo saben y tienen el mérito de vender en el exterior. El sector de la logística siempre tendrá que ser un socio competente para desarrollar su proyecto.

Entre los organismos multilaterales que marcan el paso se encuentra la OMI, que va fijando nuevos retos al transporte marítimo, y con ello a sus proveedores tanto de combustible como de equipos. Podemos decir con ello, que el comercio internacional cada vez será más sostenible, por responsabilidad, pero también más exigente para los propios operadores (y consumidores) que tendrán que asumir el incremento de costes que ello conlleva, no solo en el tramo marítimo sino en todas las fases anteriores y posteriores, costes que previsiblemente se vayan aquilatando a medida que la tecnología madure.

El reto del Brexit

En el ámbito europeo, el sector logístico se enfrenta al reto del Brexit desde una posición optimista, por cuanto el Reino Unido es un importante mercado para España y en particular para el puerto de Bilbao. Salvadas las dificultades operativas que se pueden vislumbrar en el primer año de adaptación, la experiencia de los profesionales del sector y administraciones en el trabajo con terceros países será un factor competitivo junto con el compromiso de toda la comunidad logístico-portuaria. Un cambio de este calibre va a incidir en todo el comercio exterior no exclusivamente el que se dé con el Reino Unido.

Además, derivado del nuevo marco normativo europeo, en el conjunto de puertos españoles incorporados en la Red Transeuropea de Transportes se afronta el Reglamento UE 2017/352 febrero del 2017, marco común para la prestación de servicios portuarios y para la transparencia financiera de los mismos. Abriendo el sector a la competencia y al organismo gestor del puerto, o a la autoridad competente, se podrá establecer un sistema de tasas propio, pero en todo caso “que contribuyan al mantenimiento y desarrollo de infraestructuras e instalaciones de servicio y a la prestación de los servicios que sean necesarios para realizar o facilitar las operaciones de transporte dentro de la zona portuaria o en los accesos navegables” y “siempre y cuando el organismo gestor del puerto tenga competencias sobre las mismas”. En este sentido, la naturaleza jurídica de las tasas, que no contribuciones o impuestos, probablemente sea un punto de reflexión en el nuevo marco estratégico de los puertos de interés general.

La digitalización será evolutiva porque las inversiones han de amortizarse

El conjunto del sector de la logística es estratégico y esencial, lo cual parece que añade más exigencias que a los de, digamos, mundo industrial: suelo en concesión/ autorización, plazos de amortización, modelo portuario, terminales marítimas/almacenes de depósito temporal/garantías, tributación IBI como Bienes Inmuebles de Características Especiales (BICE) – que no “bíceps”- CNAEs que se quedan al margen de programas de apoyo aun teniendo grandes inversiones “productivas”, ISPS, modelo administrativo segregado por CC.AA con distintos requerimientos, capacitaciones específicas, etc. Singularidades que han exigido y seguirán exigiendo asumir y adaptarse de continuo a una legislación en cambio constante.

Legislación específica que se suma a la general – cada vez más difusa – que en los últimos años ha tenido que ser incorporada al día a día, tanto de grandes empresas como por las pymes, en un magma normativo que hace pensar que no siempre la empresa es la dueña de la dirección que toma, y mantener el rumbo es una tarea de titanes.

Digitalización evolutiva

Afortunadamente, la “digitalización”, tan anunciada, no coge al sector de improviso. Si algo ha caracterizado a la navegación primero y a la logística, después, es el haber sido la avanzadilla de los cambios tecnológicos. Tanto en lo que ahora llamamos “datos” como en el haber asumido los grandes avances de la técnica en el equipamiento de buques y terminales portuarias. Esto sí, salvo que sea un buque, una terminal, una grúa de última generación no siempre se podrá estar en el “último grito” tecnológico. ¡Las inversiones hay que amortizarlas! Por ello, la digitalización más que disruptiva la preveo evolutiva, más por cuanto en este sector el “hábitat” es enorme y variado. La interdependencia con otros agentes marcará también el ritmo de la automatización de la empresa y cuando, además, esté unida a procedimientos administrativos se le sumará un nuevo factor ralentizador: se obliga a que la relación con la administración sea digital, pero como empresa deberé ir de ventanilla en ventanilla (electrónica) dejando los mismos papeles, datos, procedimientos, en todas ellas, cuando en teoría con entregarlos una vez ya deberían estar presentados. No es una crítica, es bajar a la realidad lo que se va asumiendo como una digitalización vertiginosa y, a mi juicio, no lo será tanto.

En el aspecto social, el principal reto de las empresas es mantener su nivel de empleo, que no es otro que mantener su nivel de ventas en un mundo cada vez más competitivo. En ese proceso, la capacitación de sus profesionales es un factor que posiblemente sea un referente como sector. A este sector poca gente se incorpora con conocimientos específicos, aunque afortunadamente cada vez más. La cualificación ha sido una labor de día a día y de años de aprendizaje. El actual modelo, puede ser mejorado a través de formación dual, tanto para en la formación profesional y como en la universitaria.

Por otro lado, la participación de las mujeres, en todos los campos de este vasto sector, se debe contemplar como una oportunidad de incorporar talento. Los límites no deberían ser otros que los que cada uno/una se imponga. Dejar fuera a las mujeres es dejar el 50% del talento sin utilizar.

En la empresa el futuro está en contar con trabajadores comprometidos. La automatización llegará a procesos “automatizables” y parece que permitirá mantener el empleo en los servicios por su atención personalizada. Aunque tal vez este pueda ser uno de los valores del sector que se vayan perdiendo a medida que las empresas se “anonimicen”. En un sector como el nuestro (de servicios), sólo se podrán permitir “ser anónimos” los que consideren que tienen todo vendido, pero la “experiencia de venta” no creará clientes fieles y se valorará nuestro servicio como una “commodity”… precio, precio, precio. Lo bueno de contar con equipos comprometidos es que, al tiempo que han adquirido experiencia, serán los que apoyen el desarrollo del proyecto empresarial.

El denominado “intra-emprendimiento” probablemente será un valor en alza para empresas con un proyecto a largo plazo, más en un momento en el que el trabajo en remoto se está imponiendo y puede ir diluyendo las relaciones de equipo.

Como sector, el reto estará en que cada grupo que forma la comunidad logístico-portuaria sea capaz de ver los cambios que llegan, se quiera o no, y el cómo afrontarlos para asentar empleo futuro. La entrada de España en la UE cambió el rumbo de las agencias de aduanas, el Brexit ahondará en las exigencias hacia el transporte por carretera, obviar los cambios no evita que se produzcan.

Para concluir, con todo lo dicho en la mochila, el sector se deberá seguir enfrentando – cada empresa y profesional en su parcela – a seguir batallando para “ser útil” para los clientes y la sociedad. No es un concepto muy glamuroso, pero si muy operativo y competitivo como lo ha sido, es y será este sector en el futuro y más hasta tanto en cuanto sigamos en la nueva realidad Covid.

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