El aumento de la incertidumbre, la transformación de las cadenas de suministro y unas exigencias cada vez mayores por parte de los clientes están modificando el papel del transitario en la industria logística mundial. La profesión avanza desde la ejecución de operaciones hacia un modelo basado en el conocimiento, la gestión del riesgo, la especialización y la capacidad de diseñar soluciones adaptadas a un comercio internacional cada vez más complejo.
Esta fue una de las principales conclusiones de la primera mesa de trabajo del XIV Congreso de FETEIA, dedicada precisamente al estado de la industria logística mundial. Moderada por Marisa Moreno, presidenta de la Comisión ESG de FETEIA-OLTRA, reunió a Marta Prado, CEO y cofundadora de DS4T – Digital Solutions for Trade; Carla Salvadó, subdirectora general Comercial y Marketing del puerto de Barcelona; y Montse Nomen, general manager de Cargo Club Forwarders.
Moreno abrió el debate poniendo sobre la mesa las sucesivas disrupciones que están afectando al comercio y al transporte internacional y planteando una cuestión que marcó buena parte de la sesión: qué tipo de transitario necesita actualmente el mercado.
Un transitario que conozca los riesgos y explique los porqués
Para Marta Prado, el cambio no afecta únicamente a la complejidad de las operaciones, sino también al propio comportamiento del cliente. Ya no basta con ejecutar correctamente un transporte.
“El cliente no sólo quiere la ejecución de la operación, además quiere conocer los porqués y los riesgos”, señaló Prado. En este escenario, el valor del transitario pasa por ser capaz de entender las múltiples variables que pueden condicionar cada operación y anticipar sus consecuencias.
La CEO de DS4T resumió esta evolución señalando que los transitarios han dejado de ser “meros intermediarios” para convertirse en “arquitectos de soluciones del comercio internacional”.
Una visión que conecta con la progresiva ampliación de las funciones del forwarder, que debe combinar el conocimiento operativo tradicional con información, análisis, capacidad de anticipación y asesoramiento al cliente.
De optimizar costes a gestionar la incertidumbre
Desde la perspectiva portuaria, Carla Salvadó apuntó a una “transformación profunda” de la cadena logística. La subdirectora general Comercial y Marketing del puerto de Barcelona destacó que la prioridad ya no consiste exclusivamente en optimizar costes, sino también en gestionar la incertidumbre.
Fenómenos como la reorganización de las cadenas de suministro, el nearshoring o los procesos de integración vertical están obligando a empresas y operadores a reconsiderar sus estrategias.
Salvadó situó entre los principales retos de los próximos años la capacidad de adaptación, la flexibilidad, la rapidez, la sostenibilidad y la digitalización, esta última como instrumento para aumentar la transparencia y optimizar los procesos.
En este contexto, aseguró que la figura del transitario está siendo cada vez más valorada dentro de la cadena logística.
La especialización como elemento diferencial
El conocimiento apareció también como uno de los factores fundamentales para competir, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas transitarias.
Montse Nomen defendió la especialización como una de las vías que permiten diferenciarse en un mercado altamente competitivo. Como ejemplo puso la experiencia de Cargo Club Forwarders en el transporte de vino y la creación de Cargo Wine, una red especializada en este tipo de mercancía.
Marisa Moreno, por su parte, trasladó una experiencia similar de su trayectoria empresarial, recordando cómo la especialización en determinados momentos en sectores como el calzado permitió evolucionar desde la simple prestación de un servicio logístico hacia un mayor conocimiento del negocio del cliente y de las posibilidades para optimizarlo.
La mesa coincidió así en que conocer profundamente determinados productos, tráficos o mercados puede convertirse en una ventaja competitiva frente a modelos basados exclusivamente en la capacidad operativa.
La tecnología debe reforzar el criterio profesional
La transformación tecnológica y la inteligencia artificial ocuparon también una parte relevante del debate.
Marta Prado defendió una utilización de la tecnología subordinada a las necesidades de los profesionales. “La tecnología ha de estar al servicio de las personas, no al revés”, afirmó.
Las nuevas herramientas permiten analizar y comparar grandes cantidades de datos y acceder a información que puede ayudar a tomar mejores decisiones, pero Prado advirtió de que su función debe ser reforzar el criterio profesional y no sustituirlo.
También alertó sobre un error habitual en los procesos de transformación tecnológica: considerar que digitalizar un procedimiento supone automáticamente mejorarlo.
“Digitalizar no convierte un proceso en óptimo”, recordó, defendiendo que antes de incorporar tecnología es necesario analizar el proceso y preguntarse por qué se realiza de una determinada manera.
El riesgo financiero también entra en la ecuación
La gestión del riesgo abrió otro de los debates de la sesión. Marisa Moreno planteó si los transitarios deben considerarse únicamente gestores de transportes o si, en la práctica, se han convertido también en administradores de riesgos.
Entre ellos figura el riesgo financiero derivado de las condiciones de pago ofrecidas a los clientes y de la competencia existente entre los propios forwarders.
Montse Nomen explicó que el modelo de especialización de su compañía le permite trabajar con condiciones de pago más controladas, generalmente al contado o a 30 días, y destacó además la importancia de pertenecer a redes internacionales capaces de aportar cobertura ante determinados riesgos.
El debate se extendió igualmente a la relación entre navieras y transitarios y a la integración vertical que ha vivido el transporte marítimo en los últimos años. Preguntada sobre si las navieras deben actuar como socios o competidores de los transitarios, Carla Salvadó defendió que ambos modelos deben convivir.
Talento joven y relevo generacional
La mesa abordó asimismo uno de los principales desafíos que afronta la logística: atraer y retener nuevas generaciones de profesionales.
Montse Nomen destacó la preparación de los jóvenes que están incorporándose al mercado laboral y consideró fundamental que las generaciones con mayor experiencia sean capaces de transmitirles la pasión por la profesión.
Marta Prado, también desde su experiencia docente, señaló que los nuevos profesionales perciben todavía una importante presencia de estructuras y visiones senior dentro del sector. A su juicio, ese conocimiento acumulado debe compartirse, pero también es necesario permitir que la nueva generación encuentre su propio espacio. “Vienen con muchas ganas, pero reclaman voz propia. Hay que guiarles, pero no cortarles las alas”, resumió.
Marisa Moreno cerró este bloque dejando otra cuestión para la reflexión de los congresistas: si las empresas escuchan realmente al cliente o si continúan demasiado centradas en los servicios que ellas mismas ofrecen.
La mujer representa todavía una cuarta parte del sector
La presencia femenina en la logística completó los asuntos tratados durante la sesión. Según se señaló durante la mesa, las mujeres representan aproximadamente una cuarta parte de los profesionales del sector.
Moreno reclamó avanzar en la equiparación de las condiciones de conciliación, mientras que Carla Salvadó reconoció los progresos alcanzados, aunque apuntó también a la necesidad de que las propias mujeres ganen confianza y espacio dentro de la industria.
Marta Prado trasladó el debate desde la conciliación femenina hacia un planteamiento familiar: “Han de conciliar las familias, no las mujeres”.
Una reflexión que cerró una mesa marcada por una idea transversal: en una cadena logística sometida a mayor incertidumbre y transformación, el valor del transitario dependerá cada vez menos de limitarse a mover mercancías y más de su capacidad para aportar conocimiento, interpretar riesgos y construir soluciones para sus clientes.











