Eppur si muove

Se calcula que entre el 2028 y el 2030, China será la primera potencia del mundo y habrá que ver qué impacto tiene esto sobre todo en los bloques comerciales que conforman hoy el mundo.

¿Cuánto tiempo pasará para que de nuevo cambie el orden mundial? A mi generación le tocó vivir la Guerra Fría, el mundo dividido en dos bloques completamente opuestos que optaron por distintas vías de desarrollo hasta la caída del Muro de Berlín. Treinta y tres años después, vemos a Rusia intentar de nuevo abrirse paso en el concierto mundial a través de una guerra con Ucrania y la alianza estratégica con China, después de que el Reino Unido abandonara la Unión Europea a causa del Brexit. 

Este escenario se da en un momento en el que se privatizan las ganancias y se hacen públicas las deudas. No podemos perder de vista que el 9% de la población mundial vive en pobreza extrema, es decir, con una capacidad adquisitiva por debajo de 1,9 dólares al día. Ese 9% equivale a más de 690 millones concentrados principalmente en 92 países. Y eso no es todo, el Banco Mundial da una cifra terrible, el siguiente escalón es el de la pobreza, quitando el término “extrema”, está otra brutal realidad: casi la mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día. 

De los 194 países reconocidos actualmente por la ONU, el Fondo Monetario Internacional señala que solo hay 36 economías desarrolladas y 50 países son los menos adelantados, el resto, es decir, 108 están en vías de desarrollo. Una balanza inequitativamente desequilibrada.

Se calcula que entre el 2028 y el 2030, China será la primera potencia del mundo y habrá que ver qué impacto tiene esto sobre todo en los bloques comerciales que conforman hoy el mundo. La Organización Mundial de Comercio prevé una fuerte amenaza sobre el multilateralismo: la posible desconexión de la economía mundial y su fragmentación en dos, o incluso tres, bloques comerciales autónomos a causa de las actuales tensiones geopolíticas. Lo que se traduciría en un costo enorme para el mundo en términos de pérdida de eficiencia, crecimiento de la producción, empleo, ingresos y bienestar humano.

Muchos creen que la interdependencia creada por la globalización y el sistema multilateral de comercio es más una amenaza que una ventaja. Pero, como señala la OMC, “a pesar de las críticas a las cadenas de suministro que se escucharon al principio de la pandemia, el comercio ha sido parte esencial de nuestra respuesta: las cadenas de suministro transfronterizas fueron fundamentales para producir de manera masiva vacunas contra el Covid-19 y otros suministros médicos y para facilitar el acceso a los mismos”.

Y nadie puede negar que el comercio ha sido un motor importante de la recuperación económica. El comercio mundial de mercancías se recuperó con fuerza después de los confinamientos y se ha mantenido en máximos históricos desde principios del 2021. Gracias al comercio exterior el mundo fue testigo de una disminución sin precedentes del porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema durante el 2020: “De alrededor del 30% a menos del 10%. Las diferencias de ingresos entre los países pobres y los países ricos se redujeron por primera vez desde la Revolución Industrial”.

Otra vez, China es el ejemplo más claro del valor del multilateralismo que le ha permitido elevar su intercambio comercial con el mundo. En el país asiático “los ingresos per cápita se multiplicaron casi por cinco entre el 2000 y el 2020 (de 3.400 a 16.200 dólares en términos de paridad de poder adquisitivo), y la pobreza extrema ha sido prácticamente erradicada. Su participación en la producción económica mundial, en términos de paridad de poder adquisitivo, se ha duplicado con creces, pasando del 7,3% al 18,3%”.

China es el ejemplo más claro del valor del multila­teralismo que le ha permitido elevar su intercambio comer­cial con el mundo

Pero también se han beneficiado otros mercados emergentes y economías en desarrollo como México, donde el comercio exterior es el motor de la economía nacional. La realidad comercial ilustra por qué es preferible preservar y mejorar el acceso a todos los mercados principales, y no verse obligado a elegir entre ellos, pues en un mundo con menos comercio, seríamos más vulnerables a las crisis localizadas o a los desastres naturales. Gracias al comercio, los países que carecen de suficiente agua y tierra cultivable pueden importar alimentos o lo que haga falta. 

Por ello, la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, da en el clavo: en el ámbito comercial, la respuesta adecuada a las tensiones actuales no es abandonar el comercio, sino tratar de que los mercados internacionales sean más amplios y diversificados y de reducir su concentración: “En lugar de la desglobalización, necesitamos una `reglobalización´ que integre en el sistema económico mundial a aquellos países, personas y empresas que han quedado rezagados”.

Y es aquí donde los agentes de aduanas desempeñamos un papel significativo impulsando el comercio seguro, facilitando la incorporación de más empresas, sobre todo a las mypimes, a las cadenas globales de valor y garantizando los controles del Estado. Con nuestra experiencia contribuimos a mejorar el acceso a los mercados internacionales para los productos o servicios, tanto para la disposición de insumos como para la venta del producto terminado, reduciendo además los costos de las empresas ligados a los procesos de logística para la importación y exportación, elevando la competitividad y la productividad de los negocios.

Mejoramos la eficiencia del entorno inmediato de los importadores y exportadores a través de infraestructura y servicios complementarios, como el transporte, asesoría legal, financiamiento y seguros para el comercio exterior. En fin, todo lo que podamos hacer para facilitar sus operaciones comerciales. 

Al mismo tiempo, apoyamos a los gobiernos en la implementación de los tratados comerciales, la recaudación de impuestos y el desarrollo de tecnología que modernice los sistemas aduaneros y mejore los controles mediante el análisis de riesgo derivado del análisis de la información. 

La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iwea­la, da en el clavo: en el ámbito comercial, la respuesta ade­cuada a las tensiones actuales no es abandonar el comercio, sino tratar de que los merca­dos internacionales sean más amplios y diversificados y de reducir su concentración.

En nuestra tarea diaria está también promover las certificaciones que profesionalicen el comercio exterior, como la figura del Operador Económico Autorizado, y las mejores prácticas para combatir la corrupción, el fraude aduanero, la evasión de impuestos, la subvaluación de mercancías, etc. Todo esto contribuye a fortalecer el intercambio comercial de los países y la generación de prosperidad para los pueblos. 

Vivimos en un mundo lleno de retos: la pandemia que no acaba de irse, la crisis logística provocada por la escasez de contenedores, el aumento de precios en los fletes, el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, la pugna en la OMC del multilateralismo contra los acuerdos bilaterales, la urgente necesidad de atender la crisis alimentaria, la guerra en Ucrania con un nuevo amague ruso de utilizar sus armas nucleares, la subida de precios de la energía eléctrica, del gas, del petróleo, la inflación que parece incontrolable en el mundo y el cambio climático que no acaba de convencer a todos de su urgencia crítica. No obstante, habría que concluir de forma esperanzadora con aquella maravillosa frase de Galileo: Eppur si muove o E pur si muove, es decir, “y sin embargo se mueve”.