Siempre resulta edificante para las personas plantearse cuestiones y buscar respuestas que nos den explicaciones sobre cómo son las cosas y cómo funciona la realidad. Por ese motivo, en un sector como el de la logística, y en un momento como el actual donde ya ha transcurrido un cuarto del primer siglo de este milenio, conviene echar la mirada atrás y tratar de buscar explicaciones sobre cómo hemos llegado aquí y si estamos o no en la situación que queremos estar.
Esta reflexión inicial es acerca de la pregunta que nos formulamos en el título, y que mezcla los dos aspectos esenciales con los que tratamos desde la Fundación Aduanera del Grupo Arola: formación y logística. Analicemos algunos datos que encontramos en el sector para ver si podemos darle respuesta a nuestra cuestión.
Visión global del sector
Según datos de Datacomex, a partir de las estadísticas del Departamento de Aduanas, en este primer cuarto de siglo nuestras importaciones han pasado de 222.000 toneladas en el 2000 a 247.000 en el 2024; o lo que es lo mismo, se han incrementado un 11,26%. Por su parte, las exportaciones han pasado de 94.000 toneladas a 176.000 en el mismo período de tiempo (de lo cual sin duda debemos congratularnos todos), en lo que supone un incremento del 87,2% a lo largo de estos 25 años.
Tratemos, por tanto, de encontrar datos que nos permitan saber si tenemos la capacidad formativa de hacer frente a ese notable incremento de la demanda ya que, a la vista de estos números, parece evidente que tanto en las importaciones como, especialmente en las exportaciones, el sector de la logística se ha visto obligado a satisfacer necesidades mucho mayores que las que tenía en el amanecer del milenio.
Resulta, en ese sentido, interesante la información del Observatorio del Transporte y la Logística elaborada a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística, donde a 1 de enero del 2000 había unas 900.000 personas ocupadas en los sectores de transporte, almacenamiento, actividades anexas y postales y correos. Para establecer la comparativa podemos acudir al informe Randstad que elabora los datos a partir del INE y da una cifra de 836.000 ocupados en el sector a 1 de enero del 2024.
A la vista de estos datos, la primera conclusión evidente es el notable incremento de la productividad en el sector ya que se está haciendo frente a un notable incremento en las operaciones a lo largo de este cuarto de siglo, sin que haya aumentado la empleabilidad en el sector. No obstante, no podemos obviar el fenómeno de reducción de empleo importante que se ha producido en el sector postal en este período. A pesar de este matiz, esto sólo se ha podido lograr con los dos parámetros que influyen de manera directa en dicha productividad: la inversión en capital (mejora de tecnología, renovación e incremento de espacios, en infraestructuras, etc) y en capital humano, con trabajadores más formados y por ello, más capacitados. Debemos continuar con esa inversión en formación para mantener los parámetros de productividad y, de manera complementaria, para proceder el reemplazo generacional que se va haciendo necesario a la vista de la edad media en el sector, donde los mayores de 45 años ya suponen la mitad de la plantilla.

Fotografía de la formación
Hoy día vemos que el 59% de las personas ocupadas en el sector, según el informe Randstad, no ha completado estudios profesionales en una tendencia que se mantiene desde hace unos años, por lo que en ningún caso podemos hablar de un cambio de paradigma. Sí se está produciendo un incremento en el personal con estudios universitarios, pero lo está haciendo a costa de los estudios profesionales. Por tanto, resulta evidente que, en un sector con casi el 60 por cierto de las personas empleadas sin estudios profesionales, el margen de mejora a través de la formación es enorme.
Además, hay otros dos incentivos para que las empresas inviertan en formación: la necesidad de reemplazo de trabajadores y la pervivencia de una contratación fija en el sector cercana al 90%. El hecho de tener que hacer frente a jubilaciones muy numerosas es algo que está padeciendo toda la sociedad española, y en todos los ámbitos económicos se están buscando soluciones para retener el conocimiento de los empleados que se retiran. Para ello, son muchas las empresas que están dedicando tiempo a que las personas más veteranas vayan formando al personal que se incorpora, en un intento de que su sabiduría no abandone la empresa con su salida.
Por otra parte, dado el elevado porcentaje de contratación fija, las empresas han de saber que cada año que pasa sin formar a trabajadores que van a permanecer en la compañía es un año donde hemos perdido capacidad y con ello, productividad. Además de la pérdida que ello supone, hay que destacar que es una pérdida muy sencilla de subsanar, porque incluso cuenta con innumerables ayudas de las que, posiblemente la más destacada y utilizada, sea la de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (FUNDAE).
Ahora es el momento de plantearse si, a la vista de todos esos datos, existe suficiente oferta formativa en el sector para hacer frente a las necesidades actuales y futuras. Yo no me atrevo a dar una respuesta taxativa, pero sí que desde la Academia de la Fundación Aduanera detectamos cada vez un mayor volumen de demanda en todo tipo de cursos. Acuden a nosotros personas que desean prosperar dentro del sector, diversificar sus conocimientos para adaptarse a los retos que van surgiendo, empresas que piden formar a trabajadores que contratan de los que precisan conocimientos más técnicos o, simplemente, personas que quieren saber más para explorar nuevos nichos de mercado.
Se está produciendo un incremento en el personal con estudios universitarios, pero lo está haciendo a costa de los estudios profesionales. Por tanto, resulta evidente que, en un sector con casi el 60 por cierto de las personas empleadas sin estudios profesionales, el margen de mejora a través de la formación es enorme.
A la vista de todas estas solicitudes, y del incremento de asistentes a nuestras formaciones y del cada día mayor interés que generan nuestras ofertas, es casi seguro que podemos afirmar que hay necesidad de oferta formativa. A esto hay que añadir que hay empresas que sólo detectan que tienen dicha necesidad cuando alguno de sus empleados realiza una formación, y es capaz de transmitir las carencias con las que llegaba a cualquiera de los cursos realizados. Tengo que contar aquí la anécdota de algo tan obvio y “sencillo” como los Incoterms, donde todas las empresas se consideran expertas y donde al final de cada curso un altísimo porcentaje del alumnado nos reconoce que no venían usándolos de manera correcta.
Finalmente, un último problema que nos encontramos es el de la falta de docentes, de personas que realmente conozcan aspectos concretos de nuestro sector y además sean capaces de transmitirlos. Por ejemplo, en el ámbito aduanero, nadie mejor que el personal de la aduana para transmitir conocimientos, con quienes desde la Academia siempre tratamos de contar, pero que, lógicamente, tienen una limitación de horas de dedicación.
En conclusión, el mensaje a las empresas del sector ha de ser, forzosamente, que dediquen tiempo y recursos a la formación; que, a pesar de la escasez formativa, sigue habiendo grandes profesionales de la enseñanza en las distintas materias que nos afectan y que, desde una posición de humildad, sean capaces de autoevaluarse y conocer sus carencias porque de la subsanación de estas va a depender su futuro. Tengamos siempre presente el viejo proverbio chino que dice que “El aprendizaje es un tesoro que seguirá a su dueño a todas partes” y tratemos de ir incrementando nuestro tesoro.










