Formar para avanzar

En estos momentos de grandes cambios económicos y tecnológicos se hace imprescindible que incorporemos nuevo talento a nuestra industria. Frente a nosotros tenemos el gran reto de la automatización y la digitalización. Nuestras empresas y organismos públicos deben subirse a ese tren si queremos competir con otros puertos y cadenas logísticas de nuestro entorno.

Antes de nada, me gustaría aprovechar este espacio para agradecer a El Canal la posibilidad de participar en este monográfico sobre formación. La Asociación de Consignatarios de Buques de Barcelona esta, desde hace muchos años, comprometida con la formación profesional especializada y actualizada. Nuestra percepción ha sido siempre, que existe una falta de oferta de cursos prácticos enfocados a nuestra industria y, en concreto, a las necesidades de nuestras empresas o a la profesión de consignatario de buques. Prueba de ello es la octava edición del curso on-line de transporte marítimo de línea regular que iniciaremos este abril y también el hecho de que hayan pasado más de 500 alumnos por nuestras aulas virtuales. Aun hoy, parece que nuestro sector es un gran desconocido para la sociedad y en especial para los jóvenes. Algo debemos haber hecho mal pues una comunidad portuaria como la de Barcelona, que reúne a más de 500 empresas y da empleo a casi 40.000 personas, debería ser más conocida y atraer más la atención de estudiantes y de la población activa en general.

En estos momentos de grandes cambios económicos y tecnológicos se hace imprescindible que incorporemos nuevo talento a nuestra industria. Frente a nosotros tenemos el gran reto de la automatización y la digitalización. Nuestras empresas y organismos públicos deben subirse a ese tren si queremos competir con otros puertos y cadenas logísticas de nuestro entorno. No olvidemos que nuestro sector da servicio a importadores y exportadores de tipología muy diversa. Todos ellos nos piden soluciones eficientes, competitivas y de valor añadido. Los consignatarios damos servicio a armadores, también diversos, que deciden donde escalan sus buques basados en la profesionalidad de los servicios portuarios y en el hecho de disponer del mejor acceso a un mercado o hinterland determinado. Detrás de muchos de estos servicios hay, sobre todo, personas y tareas (profesiones) especializadas: estibadores, prácticos, amarradores, remolque, transitarios, agentes de aduanas, transportistas, inspectores, provisionistas, gestores de residuos, consignatarios, etc.

La mayoría de estas profesiones y tareas logístico-portuarias están experimentando cambios importantes y transformacionales derivados de la incorporación de nuevas tecnologías. Otras industrias han sido más rápidas o ágiles en incorporar estas tecnologías, pero esto no quiere decir que su impacto vaya a ser menor o menos relevante en nuestro sector. De hecho, si nos fijamos sólo en las últimas dos décadas veremos los muchos cambios que se han producido y que ahora nos parecen normales. El crecimiento del comercio internacional y el fenómeno de la globalización ha sido el marco y el detonante de muchos de estos cambios. El transporte marítimo y los puertos han tenido que adaptarse a estas transformaciones económicas y, al mismo tiempo, han contribuido destacadamente a ellas. Es importante darse cuenta que, sin el contenedor marítimo, la globalización de la economía no hubiera sido posible. Ahora estamos inmersos en otro tipo de revolución: la revolución digital.

En primer lugar, hay que centrarse en las oportunidades que nos abren las nuevas tecnologías. Para empezar, debería ser un elemento clave para atraer profesionales y talento a nuestra industria. En este sentido es nuestro deber transmitir lo muy atractivo y potente que es nuestro sector. Un sector que es, por definición, muy dinámico, diversificado e internacionalizado. En él encontramos grandes multinacionales, pero también pequeñas y medianas empresas. Por otro lado, hay que aceptar que las exigencias del sector son destacables en términos de disponibilidad, dedicación (actividades 24/7), idiomas, capacidad de adaptación, responsabilidad y conocimientos técnicos. Esto no debería significar una barrera sino más bien un desafío. Lo más importante en todo caso es sincronizar bien las necesidades de las empresas logísticas con los distintos centros de formación. En este sentido es clave que la orientación profesional se inicie en las primeras etapas de la educación juvenil. También, que esta orientación profesional sea una herramienta que se extienda a lo largo de la carrera profesional de las personas. El mundo de la logística es muy cambiante y requiere de procesos de adaptación constantes y un espíritu abierto y flexible.

Añadiría que, aparte de estar en una encrucijada tecnológica, nos encontramos en un momento de relevo generacional en el sector. Seguramente en el futuro el modelo de negocio será distinto y requerirá otras formas de organización y de dirección. Será necesario empoderar más a las personas en todos los niveles. Por otro lado, es una responsabilidad social de todos el reducir la brecha de género en el sector. En lo que respecta a la organización del trabajo, el impacto de la Covid-19 ha significado un antes y un después en muchas empresas y actividades. Nuestro sector no ha sido una excepción. Esta pandemia ha contribuido a acelerar iniciativas de automatización de tareas y a ciertas revisiones de procesos operativos y comerciales. Este impulso no tiene vuelta atrás y puede representar una oportunidad para la incorporación de personas jóvenes que aporten una visión distinta y que estén dispuestas a formarse en nuestro ámbito logístico-portuario. Aquí, la Formación Profesional Dual (ocupación-formación) debe jugar un papel muy relevante. En esta línea son fundamentales los acuerdos de colaboración entre empresas, administración y centros educativos. Una colaboración que debe surgir del entendimiento mutuo y de una definición clara de los perfiles y competencias que el sector necesita. No sólo actualmente sino también en las necesidades de un futuro próximo mucho más digitalizado. Finalmente, es muy importante que se potencien posgrados universitarios en segmentos logísticos especializados.

La digitalización de la cadena logística y del transporte marítimo es un hecho ineludible. Es bien cierto que los clientes y usuarios piden cada vez más información, visibilidad y anticipación a los cambios y a sus necesidades. Para ello las nuevas herramientas tecnológicas como el blockchain, el análisis big data o los modelos predictivos son fundamentales. También lo es el eliminar barreras geopolíticas que impidan la estandarización, globalización y democratización de los sistemas y procesos. Queda bastante por andar, pero para avanzar en ese camino una de las claves es la formación y la incorporación de savia nueva al sector. Debemos ser audaces y dedicar esfuerzos y recursos a atraer talento al campo profesional de la logística-portuaria. Compartamos nuestros conocimientos formando a una generación que deberá tomar el relevo impulsando la eficiencia y afrontando los numerosos retos sociales y profesionales de nuestro tiempo e industria.

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