Fortaleciendo la resiliencia de la cadena de suministro

Pandemias, conflictos bélicos, transición energética, cambios sociales… de un tiempo a esta parte, disrupción es la palabra del momento. Disrupción, rotura o interrupción brusca. Y ante ella, resiliencia: capacidad de adaptación frente a un agente perturbador.

Definidos los primeros, ¿quiénes forman la cadena de suministro cuya resiliencia queremos fortalecer? Me gustaría recordarlo. Precisamente, presido una asociación “clúster”. Un clúster se define como una agrupación de empresas e instituciones relacionadas entre sí, pertenecientes a un mismo sector o segmento de mercado, que se encuentran próximas geográficamente y que colaboran para ser más competitivas.

Esos agentes del mismo sector son su cadena de suministro. En nuestro Clúster los organizamos en cinco segmentos: operadores -los que transportan-; cargadores -los transportados y lo transportado-; infraestructuras -por donde transitan los anteriores y sus cargas-; administraciones, centros de formación y de conocimiento -quienes conocen, investigan y favorecen la actividad del sector-; y la industria -los fabricantes de productos y proveedores de tecnología, soluciones o servicios-.

En cifras, nuestro Clúster agrupa a los principales representantes del sector en Euskadi, cuya facturación supone el 14,5% del PIB de Euskadi. Un 3,3% de su facturación se destina a innovación.

¿Por qué los he querido recordar en una publicación especializada cuyos lectores los conocen sobradamente? Porque son los agentes de la resiliencia. Quienes han investigado, desarrollado, transferido e implantado la innovación tecnológica y no tecnológica que ha hecho posible la respuesta del sector a las diferentes disrupciones vividas.

La resiliencia del sector

Durante los últimos años, el sector viene exhibiendo resiliencia. El máximo exponente de ello fue la pandemia, un inesperado agente perturbador que lo trastornó todo disruptivamente. Tras él, los sucesivos conflictos geopolíticos o bélicos que llegan hasta hoy mismo, lamentablemente, supusieron nuevas vueltas de tuerca a la cadena de suministro y a la distribución mundial. Antes y después, la mundana eclosión del ecommerce supone también nuevos retos logísticos. Y la necesaria transición energética. El sector, siempre a prueba y siempre avanzando.

En aquellos tiempos pandémicos, se calificó la logística como esencial porque lo es para nuestro “modus vivendi”. Para la continuidad de la industria y para la continuidad de nuestro “estado del bienestar”. Y además de esencial, resultó eficiente porque respondió.

La resiliencia del sector logístico se ha sustentado, y seguirá haciéndolo, en la innovación (de producto o de proceso). También en el esfuerzo de todos los agentes involucrados. Pero el sector no habría podido responder sin tecnología. Digitalización, automatización o robótica, son claves para agilizar procesos, garantizar la trazabilidad y, en definitiva, gestionarse eficientemente.

¿Y ahora, cómo seguimos fortaleciendo la resiliencia de la cadena de suministro? Sin duda, insistiendo en la misma senda: la innovación. Extendiéndola como la mancha de aceite a todos los agentes. No sólo favoreciendo su desarrollo, sino también facilitando su implantación.

¿Más? Siguiendo con atención y adelantándonos a las nuevas tendencias. Inteligencia artificial, robótica, automatización… Sin duda, ferias como el SIL contribuyen a dar visibilidad a estos nuevos avances. Publicaciones como El Canal, también. Facilitan que nuevos agentes se sumen a la innovación que exponemos en sus pabellones o en sus páginas. En definitiva, a avanzar hacia una movilidad más inteligente, segura, eficiente y sostenible, como fundamentos de una cadena de suministro robusta y resiliente.