Marina Port Vell, ubicada en la zona del puerto de Barcelona que le da nombre, ha vivido una gran transformación en la última década. De ser una marina deportiva para embarcaciones pequeñas, pasó a convertirse en una de las referencias del Mediterráneo para los superyates. “Hace 15 años, Barcelona no existía en el mapa de los grandes yates; hoy es uno de los puntos referentes en el Mediterráneo”, asegura a esta publicación Ignacio Erroz, director general de Marina Port Vell.
Erroz lleva dos capas en el sector de la náutica. Con la primera, dirige una de las marinas deportivas más importantes y exclusivas de Catalunya. En Marina Port Vell, cada año pasan decenas de superyates, aprovechando las lujosas instalaciones, y una ciudad de calibre internacional, como es Barcelona. Y con la segunda, capitanea el Barcelona Cluster Nàutic, la entidad que agrupa a las empresas vinculadas al sector de la náutica barcelonesa.

El desembarco de Erroz en Marina Port Vell en el 2015, tras haber gerenciado el puerto deportivo Vilanova Grand Marina (actual Pendennis Vilanova), se dio en una situación de absoluta transformación. Desde que en el 2013 entró un nuevo accionista, la dársena deportiva decidió dar un golpe de timón para especializarse en las grandes esloras. “Desde ese momento, la marina ha ido ganando notoriedad en el mercado e incrementando ocupaciones”, subraya Ignacio Erroz.
Esa especialización progresiva (manteniendo en un principio tres pantanales para pequeñas esloras, hasta dejarlo en un único) llegó a su apogeo para la Copa América. La competición de vela preveía aumentar la ocupación de yates en las marinas barcelonesas, y fue la excusa perfecta para completar la transformación de Marina Port Vell: “Hemos eliminado 120 amarres de entre 6m y 22m para crear 23 nuevos amarres de superyates, la mayoría para esloras de entre 40 y 70 metros”, detalla Erroz.
La transformación no ha sido solo en cuanto a especialización, sino también en materia de servicios e imagen. En este sentido, Marina Port Vell instaló una tubería a lo largo de todo el muelle para suministrar combustible a la flota amarrada, “cuando normalmente este servicio se hacía mediante camiones cisterna”, matiza el representante de la dársena. Y también, se acometió una urbanización paisajística, “con la complejidad de que esta concesión es todo agua”, para abandonar la frialdad del hormigón y convertirla en un espacio “más cálido y agradable”.

Ecosistema náutico barcelonés
La transformación de Marina Port Vell ha hecho que “Barcelona se haya convertido en uno de los centros de referencia del sector de los grandes yates en el Mediterráneo”, presume Ignacio Erroz. El representante de la dársena reconoce que la actividad está “muy marcada por la estacionalidad, y además es difícil romperla, pero cuando es temporada alta la concentración de embarcaciones es espectacular, pudiendo llegar a tener hasta 60 superyates”.
Ignacio Erroz destaca el ecosistema industrial alrededor de la náutica que existe en Barcelona, como es el caso de Marina Barcelona 92 (MB92): “Nos complementamos muy bien, porque nosotros ofrecemos servicio portuario y ellos mantenimiento y reparación, y en torno a ambas instalaciones hay toda una red de empresas que prestan servicio a estas embarcaciones y que completan la fotografía de Barcelona”.
Además de prestar el servicio de amarre, Marina Port Vell participa en actividades inmobiliarias, como la gestión de oficinas para empresas del sector, y locales comerciales en edificios como el Barceloneta, cuya concesión comparte con el Ayuntamiento de Barcelona y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Y también, dispone de varios espacios donde organiza eventos corporativos, otra de sus principales actividades: “Estamos muy satisfechos y nos está yendo muy bien”, describe el responsable de Marina Port Vell, apuntando que se realizan unos 90 eventos anuales.
El reto ahora es mantenerse como una de las marinas de referencia para grandes yates y “salvar la curva de la estacionalidad”. Como oportunidad, la cercanía de Barcelona a emplazamientos turísticos litorales como la Costa Brava puede suponer una absorción de grandes esloras, potenciando las estancias cortas en meses como mayo y junio.

Ignacio Erroz destaca las externalidades positivas que aporta el sector náutico para la ciudad. Y a falta de un estudio que certifique datos más concretos (que impulsará Ignacio Erroz desde su capa de presidente del Barcelona Cluster Nàutic), recuerda que, “en temporada alta, podemos llegar a tener de 600 a 700 tripulantes viviendo aquí, con un poder adquisitivo alto”, una tripulación compuesta, en su mayoría, por gente joven.
También, destaca el Plan de Sostenibilidad de Marina Port Vell, que se fundamenta en el certificado EMAS y la ISO 14001, y que contempla acciones como incentivar la compra de suministros y alimentos de proximidad por parte de las tripulaciones; facilitar clases gratuitas de yoga para fomentar la vida saludable; la instalación de placas solares sobre cubierta, o la disposición de papeleras flotantes (seabins) sobre la lámina de agua.
Y en su capa de presidente del Barcelona Cluster Nàutic, Ignacio Erroz explica que “la Copa América ha ayudado un poco al sector náutico en la parte de relaciones públicas, que la ciudadanía entienda que somos un sector de actividad económica que genera mucho valor a la ciudad, aunque sean cifras pequeñas; el impacto que hacemos es muy positivo”, y toma como ejemplo la generación de “empleos de calidad”, y la atracción de visitantes de alto poder adquisitivo, con lo que ello comporta. “La náutica en Barcelona es un sector mucho más industrial que turístico”, concluye.

“La Copa América nos ha ayudado en la parte de relaciones públicas, que la ciudadanía entienda que somos un sector de actividad económica que genera mucho valor a la ciudad”











