Rumbo a la sostenibilidad económica

Lograr el objetivo de la sostenibilidad económica no está a la vuelta de la esquina, pero es ahora cuando debemos definir el rol que debemos jugar los puertos en aspectos clave como la descarbonización de nuestras actividades y servicios, la producción de energías renovables y la digitalización.

El año 2023 va a ser complejo. En el plano económico, solo cabe rogar que el coste de la energía no se dispare aún más, que el precio de las materias primas tampoco y que la inflación se comporte de manera más benevolente. En el plano internacional, la agresión rusa a Ucrania seguirá perturbando la economía -en general- y los tráficos marítimos -en particular- y, más concretamente, la importación de cereales, tan importante para el puerto de Tarragona, su hinterland y el país. Y en el ámbito de la política doméstica, es año de elecciones municipales, autonómicas y generales… Por lo tanto, en lo tocante a lo que ya sabemos que nos prepara el devenir, los escenarios resultantes no son muy halagüeños.

Pero, a esta serie de vectores que afectan directamente y a corto plazo a nuestra economía, debemos añadir las incertezas que supone la transición energética y transformación de nuestra economía para cumplir los objetivos que la Unión Europea ha fijado para sus países miembros para reducir en un 55% las emisiones de CO2 en el  2030 y el 100% en el 2050. El reto es enorme, las soluciones técnicas son complejas, los resultados sólo se conocerán a largo plazo y las inversiones necesarias son astronómicas. Lo cual no facilita la toma de decisiones en un momento en que, como nodos logísticos estratégicos e instituciones públicas, se nos exige un alto grado de ejemplaridad y de liderazgo en este proceso de cambio.

Lograr el objetivo de la sostenibilidad económica no está a la vuelta de la esquina, pero es ahora cuando debemos definir el rol que debemos jugar los puertos en aspectos clave como la descarbonización de nuestras actividades y servicios, la producción de energías renovables y la digitalización, entre otros retos. Desde el primer momento de mi incorporación como presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona expresé mi voluntad de liderar este cambio dentro y fuera de los límites portuarios, convirtiendo el puerto  de Tarragona en un actor clave del cambio y de la transformación a través del consenso territorial y en coordinación con las administraciones, instituciones y empresas de nuestra zona de influencia.

El puerto de Tarragona poten­ciará la producción de energía fo­tovoltaica con el aprovecha­miento de las cubiertas

En el puerto Tarragona ya hemos lanzado el estudio técnico y jurídico para implantar comunidades energéticas basadas en la colaboración público-privada para tener acceso a una energía mucho más barata, contribuir a la generación de energía verde, usar más eficientemente la energía, descarbonizar la actividad portuaria y fomentar la competitividad de las empresas. En paralelo, el Plan de Empresa contiene una partida de 6 millones de euros para la electrificación de los muelles que acogen los tráficos que se prevé que serán más demandantes: cruceros, contenedores, roro, etc. 

Otro de los objetivos que el puerto de Tarragona potenciará en esta nueva etapa es la producción de energía fotovoltaica con el aprovechamiento de las cubiertas de los edificios de la APT, en una primera etapa, y con la instalación de placas solares en las naves de las empresas que operan en el puerto, en una segunda etapa. En este sentido, pero más a medio plazo, la producción de hidrógeno verde también podría ser una oportunidad para el puerto y para el entorno químico e industrial inmediato del puerto.

En el puerto Tarragona ya hemos lanzado el estudio técnico y jurídico para implantar comunidades energéticas basadas en la colaboración público-privada para tener acceso a una energía mucho más barata.

Además, estos proyectos no se entenderían sin introducir el elemento sostenible en todas las tomas de decisiones para acelerar el proceso hacia la descarbonización total en la lucha contra el cambio climático. Eso sí, sin causar destrozos, pero actuando siempre ante cualquier oportunidad. El urbanismo, la obra civil, el transporte terrestre, etc., también deben ser revisados para orientarlos hacia la sostenibilidad económica. Los primeros en lograrlo serán los mejor situados, ya que serán más eficientes y competitivos en el nuevo modelo logístico que se dibuja en un horizonte no tan lejano. Queda lejos, debería quedar lejos ya el “greenwashing” porque lo que está en juego es el progreso económico y el bienestar social de nuestra sociedad. Pongamos, pues, rumbo hacia la sostenibilidad económica sin miedo, convencidos y con confianza en nuestras capacidades para ser protagonistas del cambio.

Tarragona desea ser un referente portuario en la descarbonización de actividades y servicios