El juego de la cerveza y la crisis de suministro

Rafa Martín
Exconsultor en Aprendizaje
motomorfosis.es

La Sloan School of Management del MIT, en los primeros años de la década de 1960, creó una simulación para que los directivos aprendieran un conjunto de principios clave en la gestión de una cadena de suministro. Dura entre una hora y una hora y media y, durante el acontecimiento lúdico, los directivos, por equipos de al menos 4 jugadores, asumen los distintos roles de la cadena de suministro de múltiples eslabones para distribuir cerveza (productor, suministrador, vendedor final…). Aunque todos los jugadores pueden ver el inventario de los demás, sólo un jugador ve la demanda real del cliente y no está permitida la comunicación verbal entre los jugadores.

El juego pone de relieve el impacto de decisiones aparentemente fáciles, como la cantidad de producto solicitada al proveedor y la consecuente cantidad que este pide al fabricante, mostrando los efectos de tales decisiones a través de cada eslabón de la cadena de suministro cuando no se puede procesar toda la información real disponible en otros puntos de la cadena y se produce un efecto látigo que suele degenerar en caos de inventario y enormes desacuerdos entre los participantes. Los pequeños cambios en la demanda pueden provocar grandes cambios en los niveles superiores de la cadena.

Cuando los vendedores finales detectan que van a quedarse sin producto realizan un pedido solicitando al proveedor la cantidad habitual. Si, por falta de stock o producción, la respuesta se retrasa, los vendedores, nerviosos ante el desabastecimiento, vuelven a solicitar producto. El proveedor realiza nuevos pedidos al fabricante y este, detectando más demanda, aumenta la producción. Y así sucesivamente hasta que se reestablece la entrega a los vendedores, pero el fabricante ya está en sobreproducción y los proveedores, con los almacenes desbordados, empiezan a cancelar pedidos.

Los chips, en el corazón de la evolución tecnológica e indispensables para la moderna industria, son pequeños circuitos integrados que están por todas partes. La perseverante escasez de semiconductores que ha afectado a todo tipo de productos, desde automóviles pasando por ordenadores, electrodomésticos, criptomonedas, videojuegos o teléfonos inteligentes, está empezando a decaer. El aumento de la producción, y el llamado efecto látigo ponen de manifiesto que muchos directivos no jugaron al juego del MIT, o aprendieron poco en las escuelas de negocio.

Algunos fabricantes europeos de automóviles anuncian que, en la segunda mitad de este año, aumentarán la producción de vehículos. Los precios de los microchips, disparados en el periodo pandemia, parecen que vuelven a la normalidad. Y Samsung Electronics, el mayor fabricante de chips del mundo pidió a principios de junio a sus proveedores que redujeran los envíos debido a la acumulación de inventarios.

Los fabricantes de chips tienen previsto invertir este año 185.000 millones de dólares en todo el mundo, según estimaciones de Gartner Research significa un 20% más que el año pasado teniendo en cuenta que los fabricantes de automóviles, teléfonos… han pedido más chips a los proveedores, algunos hasta han duplicado su demanda para intentar asegurar algún suministro si el racionamiento se perpetuaba.

Pero ante la debilidad o el riesgo geopolítico que ha quedado en evidencia con la crisis, la industria occidental ha reaccionado. Aquí, en Catalunya, al PERTE del Gobierno para impulsar la industria de microprocesadores, dotado con 11.000 millones de euros de fondos europeos Next Generation, la Cambra de Comerç de Barcelona apuesta al doble o nada y, según el manifiesto FabCat, suscrito entre otros por las Cambres de Girona y Barcelona, cinco universidades catalanas, el centro Eurecat y el Tecnoateneu de Vilablareix (Girona), el monto total para la instalación catalana especializada en microelectrónica ascenderá a 22.000 millones de euros.

Solo la fábrica tendría un coste mínimo de 15.000 millones de euros y sería necesario, una vez hilvanado el proyecto, buscar el interés de una compañía privada especializada que liderase la iniciativa. Entre las sondeadas las hay tan prestigiosas como GlobalFoundries, Intel, STMicroelectronics, NXP, Texas Instruments, ABB, Osram, IXYS, OKI Electric Industry o Canon.

Taiwán y Corea del Sur concentran el 81% del mercado global de fabricación de semiconductores y China anda tensionada por la “chipdependencia” de un territorio con pretensiones de independencia. Europa, que en la década de los 90 producía el 44% de los semiconductores empleados, persigue recuperar terreno y aumentar el porcentaje actual, no llega al 10%, con la conocida como la Ley de chips, una iniciativa que ya ha dado frutos como el de Intel para instalar una superfactoría en Magdeburgo, Alemania. Y Estados Unidos también aprobó su Ley Chips y Ciencia, un paquete de 76.000 millones de dólares para impulsar la fabricación nacional de microchips y neutralizar la amenaza de la enorme dependencia.

Todo apunta a que la escasez de semiconductores podría convertirse pronto en un exceso de oferta, por la reacción occidental para autoabastecerse y reducir la dependencia asiática como la falta de reacción de los actuales fabricantes que no atinan a detectar la caída de la demanda y reajustar su fabricación y pretensiones de suministro. Tal vez habrá que jugar más con la cerveza, pero sin dejar que nos perjudique el aprendizaje.