La crisis del coronavirus: primera semana de medidas e incertidumbre

Durante el año 1649, una epidemia de peste procedente de África se apoderó de Sevilla, una ciudad que por entonces era uno de los principales puertos europeos, fundamentalmente por su posición de monopolio en relación al comercio con América. 

Paralelamente a la epidemia, la climatología adversa derivó en el desbordamiento del Guadalquivir, provocando la inundación de alguno de sus barrios adyacentes e impidiendo la navegación de los barcos. La ciudad sufrió un fuerte desabastecimiento y un incremento de los precios de los alimentos. Los hospitales de la ciudad quedaron rápidamente desbordados y se estima que entre cincuenta y sesenta mil personas perdieron la vida, casi un 45 por ciento del total de la ciudad.

La situación inicial del problema, perfectamente extrapolable a la actual crisis del Covid-19, no es más que uno de los muchos ejemplos que se podrían traer a colación y que nos demuestra una vez más que no existe ninguna circunstancia, por fácil que ésta parezca, que esté bajo nuestro control. 

Anclados en un sistema económico que debe dar respuesta a un problema de origen natural, la crisis del coronavirus supondrá, con casi toda seguridad, un antes y un después en la economía española y en el sistema socio-económico mundial. 

Una economía que se ha presentado más frágil e inestable de lo que muchos podían prever y que deberá someterse una vez más a profundos cambios. El Gobierno, dentro de los instrumentos que le concede un marco jurídico y financiero ya de por sí complejos, deberá dirigir todos sus esfuerzos a amortiguar y minimizar los posibles efectos negativos de la crisis del coronavirus.

Pero estos esfuerzos no se centran exclusivamente en nuestros representantes políticos. Durante estos primeros días en estado de alarma, la ciudadanía y la sociedad en general han realizado los primeros sacrificios. Una gran parte de los ciudadanos (quiero pensar que la mayoría), ha permanecido en sus hogares con el fin de minimizar los contagios y no colapsar la sanidad. 

Un gran número de empresas de diferentes tamaños y sectores han ofrecido a sus trabajadores, en la medida de lo posible, la oportunidad de teletrabajar, rebajando al mismo tiempo su actividad. Otras han comenzado a aplicar despidos temporales (ERTE) que afectan a una gran cantidad de trabajadores.

Muchos de los negocios a los que acudimos cotidianamente sin prestarle la mayor atención se han visto obligados a cerrar. Los empleados de la sanidad o los transportistas, entre otros, han prolongado sus jornadas de trabajo incrementando sus esfuerzos. Un empeño que en muchas ocasiones se ha realizado de manera altruista.

El sector de la logística y el transporte, un sector que juega un papel fundamental dentro de la cadena de suministro, también se ha visto afectado por la crisis del Covid-19, como no podía ser de otra manera. 

Especial relevancia van a cobrar durante los próximos días y semanas los servicios de aprovisionamiento de productos alimentarios, con unos supermercados que han multiplicado sus ventas y que han tenido que establecer incluso restricciones de aforo y horario en sus instalaciones.

Después de unos días en los que hemos visto algunas imágenes de acopio de alimentos de algunos clientes de estos supermercados, los servicios online, en los que el transporte y la logística se ponen a prueba, se han convertido en una buena propuesta para evitar aglomeraciones y evitar posibles contagios.

Prueba de la importancia de este sector en la economía, es el hecho de que el pasado lunes se publicó una resolución en el BOE mediante la cual se exceptuaba del cumpliento de determinados tiempos de descanso a los transportes de mercancías realizados en el territorio nacional.

A la mencionada medida se le han unido otras de importante calado.

Durante la jornada del lunes, el gobierno decidió cerrar las fronteras terrestres, permitiendo la entrada de mercancías con el fin de garantizar la cadena de abastecimiento y la continuidad de la actividad económica.

Los diversos puertos marítimos también han tomado medidas al respecto, adecuando sus prestaciones a la situación excepcional que vive el país.

Por último, ayer martes 17 de marzo, el gobierno anunció un plan de movilización de hasta 200.000 euros como plan de choque contra el Coronavirus, en el que se aprueba un paquete importante de medidas dirigidas a paliar los efectos de la crisis. Una cifra económica que supone una inversión económica equivalente al 20 por ciento del PIB nacional.

A los ciudadanos solo nos queda esperar, seguir con un confinamiento que no sabemos cuánto durará y acatar los consejos e instrucciones que se nos han indicado. Falta por ver cómo evolucionará la crisis y qué medidas económicas y sanitarias se irán adoptando. Una crisis con cierto parangón a la de Sevilla de 1649, pero en la que afortunadamente contamos con unos medios para afrontarla mucho más evolucionados y eficaces.

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