La Naval, ¿fin de su actividad y desmantelamiento?

Javier López de Lacalle,
Director Gerente del Foro Maritimo Vasco,
(Cluster de la Industria Naval del País Vasco)

En un mercado tan globalizado como el de la construcción naval se deberían establecer mecanismos correctores que minimicen el fuerte impacto que, durante el periodo de construcción del buque, tienen en los costes, los grandes cambios geopolíticos o socioeconómicos, o las grandes luchas comerciales internacionales que inciden sobremanera en la rentabilidad de la operación, sin que nada o muy poco puedan hacer las empresas para evitarlos.

Ahora bien, asumiendo la gran dificultad de las empresas en poder intervenir en esas circunstancias sobrevenidas, que deben ser tomadas como exógenas o imponderables, me gustaría comentar esas otras realidades, las internas o endógenas, aquellas en las que las empresas pueden y deben incidir y a las que quiero referirme en este artículo, en concreto a la realidad que viven los astilleros vascos para ser competitivos.

Un buque está compuesto por diferentes equipos y sistemas, que deben acoplarse en el lugar y momento marcado por la demanda, el armador, y que son instalados en el astillero, llave en mano. El astillero aporta aprox. el 30% del valor del buque, en total competencia, precio y calidad con cualquier otro astillero internacional, y la Industria Auxiliar Naval aporta el otro 70%, igualmente en concurrencia competitiva.

Lo absurdo de La Naval, es que murió de éxito

Construir un buque implica ser competitivos, en la suma de ambos, por lo que hay que tener muy en cuenta aspectos que afectan al total del coste del buque y a su rentabilidad final, ya que son unidades de mucho valor de ahí su riesgo. Entre ellos deberemos destacar la buena gestión de todo el proceso, la capacidad de ingeniería y ensamblaje de los equipos, la capacidad financiera y avales durante todo el periodo de construcción, la gestión de equipos y mano de obra, los salarios y costes sociales, los plazos de entrega y la responsabilidad total de las clausulas firmadas en el contrato con el armador, aspectos que normalmente asume el astillero y que condicionan la rentabilidad de la operación.

Refiriéndome a La Naval desde su privatización, en concreto en los últimos años, el astillero ha construido buques de la más alta tecnología como unidades de almacenamiento off-shore, dragas de corte y de succión, buques para el transporte de gas natural licuado, buques de pasaje etc., buques muy innovadores y tecnológicamente avanzados para un mercado muy exigente y para los armadores más importantes del mercado internacional.

El resultado económico de esas operaciones, excepto en los últimos buques, fue muy positivo, algo que estaba en manos solo de un selecto grupo de astilleros mundiales y mostraba que todavía nos quedaba ilusión, saber hacer, y sentido común para estar en ese selecto grupo.

Lo absurdo de La Naval, es que murió de éxito, ya que tenía cartera de pedidos y carga de trabajo para años, y no supo o no pudo construir en tiempo y precio lo que había contratado, ¿por qué?, no es que necesitase ayudas públicas, quizá si más musculo financiero, ni que careciese de capacidades o tecnología, si no que, en mi opinión, se perdió conexión con la ingeniería, con la dirección de obras y con las contratas externas y no se pudo cumplir ni con los plazos y fechas de entrega de los buques, ni con los precios ofertados. En resumen, descoordinaciones que supusieron retrasos en las entregas y consecuentes indemnizaciones que su economía no pudo soportar, y se tuvo que ir a la suspensión de pagos voluntaria.

Sector muy competitivo

El sector de construcción naval vasco es muy competitivo y como muestra tenemos los ejemplos del resto de Astilleros Vascos, Murueta, Zamakona, o Balenciaga, con carga de trabajo en sus 5 factorías en Euskadi, traccionando a la muy competitiva Industria Auxiliar de Euskadi y compitiendo con éxito en el mercado internacional. Su cartera de pedidos actual, a pesar de la pandemia, abarca carga de trabajo hasta el año 2023. Se trata de un sector en continua innovación y transformación, construyendo eficientemente cualquier tipo de barco que el mercado y el armador demandan en cada momento y casi el 100% para el mercado internacional, Barcos de Pesca, Buques para Investigaciones Científicas, Buques para el Eólico Off-Shore fijo y flotante, Buques Propulsados por Hidrógeno o Remolcadores a Gas etc. y que ha sabido poner en marcha instrumentos financiero-fiscales innovadores al igual que sus competidores europeos, para financiar y garantizar sus contratos.

Una transformación innovadora a la que La Naval no puede ser ajena, de la mano de cualquiera de los grupos industriales que han acudido a la puja/licitación con idea de mantener su actividad. Idea con la que hoy en día siguen trabajando, según comentan, con un plan industrial ad hoc, que plantea unas inversiones para reorganizar el astillero empezando de cero y aportando las experiencias propias de las industrias que soportan el proyecto y generando posibilidades de negocio no solo en la construcción de buques, sino también en áreas del Eólico Offshore y Reparaciones Navales. Ello indica que, aun hoy en día y a pesar de las dificultades, todavía nos queda capacidad, tecnología y conocimiento que debemos mantener y potenciar.

Así mismo, este grupo, ha manifestado reiteradamente su interés en negociar con la empresa belga VPG, adjudicataria de las instalaciones, negociaciones de momento infructuosas, según comentan, y que tienen como finalidad proponerles la compra, alquiler, permuta o cesión de unos terrenos industriales donde iniciar un proyecto con actividad naval y no achatarrar unas estupendas instalaciones industriales y cumplir así con la norma del Ayuntamiento de Sestao que dice que el 51% de esos terrenos deben ser dedicados a industria pesada. Esperamos que su receptividad mejore ahora que ya les han adjudicado las instalaciones definitivamente.

Mientras países como Alemania, Francia e Italia mantienen una actividad naval prominente consiguiendo que su industria naval sea generadora de riqueza y empleo y tractora de toda la industria auxiliar, Euskadi puede perder una parte importante de esa capacidad, de ese conocimiento sectorial y unas instalaciones únicas.

La situación actual de La Naval, no digo que sea fácil de gestionar, al contrario, pero no por ello hay que echar la toalla y menos cuando hay un grupo inversor que apuesta por ella, Desde aquí apelamos a la negociación y entendimiento, de no ser así y de no llegar a acuerdos de cohabitación con el ganador de la puja, las instalaciones, en su totalidad, se las quedará VGP, Empresa Flamenca que no contempla en su proyecto, conocido hasta ahora, la continuidad de la actividad naval, lo que certificará el Fin de La Naval, de su Actividad y el Desmantelamiento de sus instalaciones, en definitiva, la desaparición del mejor astillero del Cantábrico, La Naval de Sestao.

A veces los milagros ocurren, trabajemos para ello.