La revolución de la duda

La integración vertical que proponen algunos actores logísticos está siendo un verdadero fracaso, gene­rando incrementos desme­surados de costes, incumpli­mientos, cancelaciones y falta de fiabilidad.

Información interesada, fake news, análisis pseudocientíficos de parte, estudios jurídicos escritos al mejor postor… Ante tal ataque a nuestra capacidad de raciocinio y de análisis frío y cerebral de todo lo que nos afecta, producido en muy buena parte por un mundo de tertulianos e influencers que ya no saben ni escribir, es lógico que nos inunde la duda. En singular, porque desgraciadamente ya no tenemos dudas (que pueden tratarse y despejarse, una tras otra…) sino una gran duda general e inmovilizadora, cual losa en nuestra sepultura.

Como operadores logísticos, transitarios, representantes aduaneros, a menudo no tenemos ni tan solo las preguntas adecuadas para despejar esa duda. Una vez clarificado (Darwin mediante) nuestro origen, me planteo cómo seguirá esa evolución natural. Y no tanto de las personas (de su inteligencia o estupidez natural), sino de nuestra estructura empresarial y de la cadena logística que gestionamos, teniendo en cuenta que para evolucionar debemos afrontar nuevamente nuestra duda.

¿Hacia dónde se dirige el mundo? Somos una sociedad que, con sus fortalezas y debilidades, ha confiado su propio desarrollo y sostenibilidad a la tecnología, el blockchain, la IA, que nos permiten garantizar una logística eficiente y segura. Pero a partir de ahora, y para posicionar nuestras compañías habrá que gestionar convenientemente el volumen de información disponible, para ir posicionándonos hacia el futuro. ¿Invertimos en drones, hyperloop, impresión 3D…? ¿Se producirá una cierta regionalización de la industria, las ventas online harán desaparecer para siempre el comercio tal como ahora lo conocemos…? ¿Será sostenible un sistema de entregas personalizado 24/7? ¿Debemos dedicar recursos cuantiosos a la ciberseguridad? Preguntas difíciles de contestar en un breve artículo como este, pero de una cosa estoy seguro: encuentros como el Salón Internacional de la Logística de Barcelona contribuyen a poner luz en nuestro camino, y hemos de saber aprovecharlo.

Por suerte, la experiencia aporta varias certezas, que hay que consolidar: la reciente crisis sanitaria ha puesto de manifiesto que la integración vertical que proponen algunos actores logísticos está siendo un verdadero fracaso, generando incrementos desmesurados de costes, incumplimientos, cancelaciones y falta de fiabilidad.

Aprovechemos el SIL para hablar, conocer y aprender. Como el doctor Marañon dejó escrito: “Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar es empezar a morir”.

Siendo conscientes que después de las revoluciones industrial y tecnológica, ahora estamos en la era de la duda. Pero en todo caso, les deseo vivan un SIL provechoso en todos los sentidos.