Nada puede parar

Jorge Fernández

Presidente de Sintraport

El transportista tiene una baza a su favor. En los últimos años hemos sido capaces de adaptarnos a numerosos cambios que han alterado nuestra forma de trabajar y ahora, somos un colectivo adaptado al cambio

El inicio del 2021 supone dejar atrás, un año especialmente difícil para todos. Un año en el que hemos debido asumir cambios y adaptarnos a nuevas formas de trabajar.

En ese sentido, quizás el transportista tiene una baza a su favor. En los últimos años hemos sido capaces de adaptarnos a numerosos cambios que han alterado nuestra forma de trabajar y ahora, somos un colectivo adaptado al cambio.

Los que llevamos ya algún tiempo en la carretera, perdemos a veces, la perspectiva de cómo se ha modificado todo, de cómo la tecnología y la formación, han jugado y juegan un papel fundamental hasta el punto de convertir en habituales, términos y formas de trabajar que antes ni existían (seguridad activa, nivel de emisiones…).

Basta con decir que en la actualidad la cabina de cualquiera de nuestros camiones recoge más tecnología de la que llevaba encima un Fórmula 1 de principio de este siglo. Hoy nuestros vehículos montan tecnología que nos ayuda a ser más competitivos, más seguros, más eficientes y menos contaminantes, pero todo ello, gracias al esfuerzo de profesionales que han sabido ir adaptándose a esos cambios para seguir haciendo su trabajo, de forma eficaz.

Pero no sólo hablamos de tecnología, el profesional que hoy se sube a la cabina de un camión debe además tener unas nociones muy claras de ofimática, de seguridad, o de legislación sobre transporte, temas que hace unos años, ni nos preocupaban ni nos afectaban.

Los transportistas llevamos ya subidos a procesos de cambio, desde hace más de una década. Nuestros camiones son más seguros, menos contaminantes y más productivos, pero eso no basta para que en muchas ocasiones sigamos sufriendo situaciones generadas por el desconocimiento; somos los grandes perjudicados cuando se producen restricciones o desvíos, somos criminalizados cuando se nos culpabiliza de los índices de polución, y somos señalados cuando se habla de siniestralidad.

La situación derivada de la pandemia ha permitido que se conozca fuera del puerto de Barcelona, algo más nuestro trabajo, quizás aún no lo suficiente como para ser valorado en su justa medida, y quizás aún no lo suficiente como para poder conseguir superar problemas que hacen de nuestra profesión, un entorno complicado

La situación derivada de la pandemia ha permitido que se conozca fuera del puerto de Barcelona, algo más nuestro trabajo, quizás aún no lo suficiente como para ser valorado en su justa medida, y quizás aún no lo suficiente como para poder conseguir superar problemas que hacen de nuestra profesión, un entorno complicado. Sufrimos las consecuencias derivadas del intrusismo, de los tiempos de espera y de las colas, de la bajada de los precios y del aumento de los costes, situaciones que al final, no ayudan a aquel que sube a una cabina transportando contenedores de 40 pies.

Pero también sabemos que el puerto de Barcelona crece día a día gracias al esfuerzo de todos, un esfuerzo necesario para seguir siendo competitivos, para ganar un espacio que nos permita mantener la posición que hoy ocupamos respecto al resto de puertos del Mediterráneo. Somos, como decía al principio, parte de la misma cadena, una parte que debe cuidarse para hacer que todo siga funcionando.

Nos enfrentamos a un año distinto, un año en el que debemos dar pasos muy importantes, pero en el que además, debemos ser capaces de cuidar y de pensar en las personas, esas que hacen que todo, al final, siga funcionando.

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