El clima y la geopolítica asedian a los hortofrutícolas

Los conflictos geopolíticos son cada vez más glo­bales. Ya no hay crisis regionales sin un impac­to internacional y un claro posicionamiento de los grandes bloques. Así, parece que volvemos a mediados del siglo XX, con una frágil división que contrapone intereses geopolíticos, territo­riales, ideológicos, económicos y religiosos.

Si nos paramos a analizar la situación actual, observamos que los retos que ahora asedian a la industria hortofrutícola han cambiado con respecto a los de antes.

A la meteorología y a los costes de los productos agrícolas de antaño, se le suman unos desafíos globales, que aun­que en muchos aspectos se asimilan, definen las particularidades típicas de la era que nos ha tocado vivir.

Son retos mayúsculos para un sector delicado. Y como cada año, el salón Fruit Logistica de Berlín acapara la atención de la primera revis­ta del año de El Canal para hacer balance del ámbito hortofrutícola y reflexionar sobre los desafíos a los que se enfrenta. La feria interna­cional es un buen aliciente para intercambiar experiencias y perspectivas de futuro sobre un sector que no lo tiene fácil.

Y es que la guerra entre Ucrania y Rusia con­tinúa afectando a los costes de producción y los bolsillos de los consumidores. Igualmente, los ataques a buques mercantes en el Mar Rojo derivados del conflicto en Gaza, de consecuen­cias aún inciertas, han tenido un impacto que ha trascendido las fronteras de Oriente Próxi­mo para influir en los tráficos marítimos inter­nacionales.

Y con la globalización determinando la cadena logística internacional, se ha dejado constancia de que los conflictos regionales tie­nen una trascendencia a escala mundial.

Pero el sector hortofrutícola no solamente se enfrenta a las consecuencias de las guerras. Al contrario, uno de sus mayores desafíos, a la vez que oportunidades, es el mismo progreso de la humanidad. Es un desafío porque exige un pe­riodo de adaptación corto para ser competitivo, pero también una oportunidad porque obliga a las empresas a ser más innovadoras, diferen­ciarse de la competencia, y buscar soluciones que favorezcan el bien común.

En este sentido, se certifica cada año en Fruit Logistica, donde las innovaciones más punte­ras del sector se dan cita para mejorar la com­petitividad y atajar los retos de la digitalización, la sostenibilidad y la descarbonización. Son de­safíos para los que los sectores productivos se deben adaptar rápidamente en cumplimiento con las cada vez más numerosas normativas europeas.

El reto de la descarbonización y el cambio cli­mático es mayúsculo: sin agua no hay cose­chas, y sin cosechas, la cadena de suministro se frena y los alimentos no llegan a los super­mercados, poniendo en riesgo el abasteci­miento de la población. Y en los últimos años, hemos vivido los efectos de una climatología atípica derivada del calentamiento global.

En todo el mundo, se está experimentando una sequía con pocos precedentes, y el sector hortofrutícola lo está sintiendo muy de cerca. Asimismo, el viento, el granizo o las lluvias en zonas inusuales lastran los cultivos.

Ahora, conociendo los retos más inmediatos para el sector hortofrutícola, se nos presenta una oportunidad que el mismo director de Fruit Lo­gistica, Kai Mangelberger, nos avanza a El Canal en su entrevista concedida para este monográfi­co: las empresas necesitan más socios que en el pasado.

Toca generar alianzas, intercambiar co­nocimientos, impulsar proyectos que atajen los retos globales, y enfrentar las adversidades con ideas competitivas fruto de la cooperación. Sola­mente así, uno de los sectores más antiguos de la historia de la humanidad conseguirá avanzar con la sostenibilidad, la innovación y la digitalización como principales herramientas.