Salvar el transporte

Jorge Fernández

Presidente de Sintraport

Aquellos mismos que aplaudían y felicitaban públicamente a los transportistas por su actividad durante la pandemia, hoy nos dan la espalda y miran a otro lado mientras avanzamos en un proceso que nos lleva a la precarización.

El año que ahora concluye, ha marcado un punto de inflexión en toda la cadena logística, muchos de los principios que creíamos sólidos y definitivos se han mostrado débiles y expuestos a situaciones ajenas a nuestra capacidad de adaptación.

En este contexto, el transporte portuario ha vivido en una constante montaña rusa en la que resultaba difícil hacer previsiones a medio plazo. La situación del transporte por carretera, vive un proceso de incertidumbre del que los puertos no somos ajenos.

La crisis sanitaria mundial, no ha hecho más que destapar la debilidad de un sector maltratado históricamente por aquellos que toman las decisiones sobre nuestro futuro. Hoy, a la situación generada por los problemas en la cadena de suministro, el transporte por carretera, suma los problemas derivados del aumento incontrolado de los precios del gasóleo, la amenaza del pago por uso de las carreteras, la normativa medio ambiental, la amenaza de una competencia desleal cada vez más feroz, o la incapacidad de modificar la Ley de contratos del transporte  para poder aplicar la clausula de revisión de precios. 

La edad media del profesional del transporte se sitúa entorno de los 50 años, no existe renovación profesional, y con las actuales condiciones, es difícil que pueda generarse

Y a todo ello unimos el déficit existente en materia de infraestructuras portuarias, problemas que se traducen en la prolongación de los tiempos de espera para la carga y descarga de contenedores, algo que del mismo modo, influye en la rentabilidad del servicio, provocando colas interminables que acaban por afectar a la salud de los conductores y a la cuenta de resultados de las empresas.

En definitiva, un escenario que enfrenta a nuestro sector a un precipicio del que es difícil alejarse sin una ayuda firme por parte de la Administración.

A nadie se le puede escapar que en pocos meses, el camión ha pasado de ser héroe a villano. Aquellos mismos que aplaudían y felicitaban públicamente a los transportistas por su actividad durante la pandemia, hoy nos dan la espalda y miran a otro lado mientras avanzamos en un proceso que nos lleva a la precarización.

La edad media del profesional del transporte se sitúa en el entorno de los 50 años, no existe renovación profesional, y con estas condiciones, es difícil que pueda generarse. Ningún joven se siente atraído por una profesión con un componente de riesgo tan elevado, si dejamos que el transporte se convierta en algo vocacional, nos enfrentaremos, en poco tiempo a situaciones como las que vive Gran Bretaña o Estados Unidos.

La recuperación de la actividad está llegando a nuestros puertos, la normalización de la cadena de suministro, llegará también, con toda seguridad durante el 2022. Pero esa recuperación, debe afectar a todos los eslabones de la cadena. El transporte por carretera, es una parte más de esa cadena de la que todos formamos parte. No se puede entender la recuperación total, dejando atrás, una parte fundamental.

El cambio experimentado en la última década por el sector y en especial por el transporte portuario, supone en definitiva, una muestra de la capacidad de adaptación de los profesionales al cambio, pero refleja también como en este tiempo, todo se ha transformado.

Y no nos engañemos, el ferrocarril será siempre un apoyo, un elemento que debe ayudar a mejorar los tiempos y los procesos, pero nunca una alternativa. Invertir en las infraestructuras es positivo, pero no olvidemos que el 87% del transporte de mercancías, continúa realizándose por carretera, y así seguirá siendo en el futuro. Ayudar a mantener el sector supone ayudar a la recuperación.

El cambio experimentado en la última década por el sector y en especial por el transporte portuario, supone en definitiva, una muestra de la capacidad de adaptación de los profesionales al cambio, pero refleja también como en este tiempo, todo se ha transformado; las relaciones comerciales, la digitalización de los procesos, la incorporación de procedimientos de calidad y seguridad, en definitiva, un nuevo escenario en el que hemos aprendido a manejarnos con soltura. Nuestro sector es capaz de realizar esa adaptación con gran rapidez. Hoy la persona que está al volante en cualquiera de nuestros vehículos, nada tiene que ver con aquel profesional de hace sólo 20 años, aunque en muchos casos seguimos siendo los mismos.

Queremos y sabemos adaptarnos a las nuevas exigencias del mercado, pero no podemos hacerlo solos, el reconocimiento de nuestro trabajo, como una parte fundamental del trabajo en los puertos, es un primer paso que debe permitir impulsar medidas de recuperación, medidas que permitan seguir haciendo atractiva una profesión hoy por hoy fundamental para la economía de todos los sectores productivos.