Smart o no Smart ¿Hay cuestión?

Rafa Martín
Exconsultor en Aprendizaje

En junio del2009 me publicaron “Las infraestructuras del conocimiento”, artículo en el quevenía a decir que los puertos del futuro inmediato no iban a diferenciarseinvirtiendo en las tradicionales infraestructuras de cemento sino en las nuevasdel conocimiento, en las tecnologías emergentes y en la capacidad dedesaprender para aprender cooperando con su entorno inmediato y su foreland,entre la iniciativa institucional y la privada, apostando inequívocamente porla sostenibilidad y las personas.

Escaneado decontenedores, terminales automatizadas, robótica incipiente, telematización deprocesos, sistemas información geográfica, big data para el tratamientomasivo de información y soporte decisional, los customer relationship manager (CRM) para el nuevo marketing relacional …, el desarrollo tecnológicoavanzaba ya una nueva constante, la creciente velocidad y relevancia del cambiotecnológico en el que las personas y la cultura corporativa necesitaban unaadaptación más rápida, aprender más deprisa.

Hoy, más de 10 años después, el concepto Smart Port, dentro del más amplio Smart City, se ha convertido en el centro de interés más principal. El puerto de Barcelona, en los próximos 5 años, invertirá más de 100 millones de euros en innovación tecnológica que inundará su territorio de sensores, dispositivos y aplicaciones avanzadas. Y si el coronavirus lo permite, el próximo mes de noviembre, con el puerto de Barcelona como Global partner, podrás vivirlo en el evento Smart City Expo World Congress que celebrará su segunda edición en la Fira de Barcelona y en el que podrás tocar el futuro de este negocio ante los expertos más relevantes del mundo mundial.

Las virtual gates,el control de flujos de movilidad, la trazabilidad de contenedores mediantesensorización (CTA), los CRM de segunda y tercera generación, la optimizacióndel tráfico de buques (smart maritime traffic management), el twin-port,una simulación 3D de la instalación para recrear escenarios de emergencia,operativos…, destacan en un dibujo en el que se multiplicarán lastelecomunicaciones blockchain, el 5G , el Internet of things, o lasherramientas de gestión inteligente en el centro de un tsunami tecnológico alque se agregan importantes inversiones por parte de los operadores privadosmarítimos, portuarios, logísticos y de transporte terrestre, para revolucionarel negocio como nunca.

La cooperación,con la ciudad y con otros puertos punteros, como refleja la alianza Piers of the Future que vincula al puerto de Barcelona con Amberes, Montreal,Hamburgo, Rotterdam y Los Angeles, se ha convertido en imprescindible valorestratégico a corto plazo. Más de 40 proyectos, algunos ya en marcha, daránforma a esta iniciativa de innovación tecnológica que marca la nueva hoja deruta hacia el futuro. Unatendenciaque deberá consolidarse también para los retos medioambientales ysocioeconómicos, cooperar más que competir.

En aquellostiempos, a punto de iniciarse la segunda década del siglo XXI, el puerto deBarcelona intentaba soltar amarras con el antiguo modelo mientras triplicaba suterritorio de operaciones. La necesidad histórica empujaba para invertir fuerteen las clásicas infraestructuras. La nueva terminal de contenedores, losaccesos terrestres y el ferrocarril eran retos fundamentales y los ingenierosde puertos indiscutibles en el timón de la nave logístico-portuaria quenavegaba ya hacia una encrucijada trascendental, hacia un maremágnum de nuevastecnologías, conocimiento, sostenibilidad y cooperación más allá de latradicional competencia. Una maniobra complicada ante la envergadura de lanave, las enormes olas de la inercia y el salto exponencial en aprendizajecolectivo de la tripulación.

Hoy, aquellosinformáticos de los 90’s, que empezaron como un departamento del áreafinanciera para pagar las nóminas, se han convertido en imprescindibles y andanenredados en cualquier proyecto e iniciativa importante de cualquierorganización relevante. Su peso en el organigrama se ha multiplicado cómo elpresupuesto de su área, y no hay travesía ni timón corporativo que puedamanejarse sin su imprescindible participación. Pero en la cartografía estratégica hay diferencias importantes quedeberemos incorporar para navegar hacia el porvenir.

El puerto deBarcelona tiene un programa ambicioso hasta 2050, haciendo suyo el Green Dealde la UE, electrificando muellespara reducir emisiones más de un 50% en la próxima década, bonificando bajasemisiones… Pero los indicadores sobre calentamiento global, deterioro de losocéanos, erosión de biodiversidad o bacterias tóxicas, prometen presionarmuchos de los objetivos e intenciones que nos estamos planteando hoy mientrascrecemos en emisiones globales cumbre tras cumbre. Esta nueva década queempieza con emergencia climática puede acabar en modo pánico medioambiental,obligándonos a plantear un nuevo viraje radical en nuestra forma de hacernegocios y relacionarnos con el planeta para sobrevivir en él.

En aquel viejoartículo que he releído para construir este, las personas y la culturacorporativa eran claves en la gestión del cambio, un factor decisivo para laimplantación de cualquier estrategia. Pero el conjunto de disrupcionestecnológicas que nos está atropellando parecen cambiar este enfoque. El rápidocambio tecnológico, una constante creciente desde la revolución industrial, haacabado siempre por crear más empleos de los que destruía, pero nada pareceindicar que eso vaya a repetirse.

Las enormesinfraestructuras que construimos ayer se inundan hoy de tecnología inteligente.La robótica colaborativa, la conducción autónoma y los drones, la biotecnologíaaplicada o la informática cuántica, lideradas por la nueva generación deinteligencias artificiales harán, también de la distribución y la operativaportuaria, una realidad en la que el factor humano se va diluyendo para cambiarmucho el modelo de empleo que conocemos.

La compañíaaustraliana Cortical Labs está introduciendo neuronas biológicas reales,de ratones y humanos, en un microchip informático con el fin de lograr lacapacidad de pensar en una IA de última generación. En este sofisticado mundode algoritmos y automatización galopante, a nuestras manos y cerebros se lesagotan las oportunidades.  Las personas,históricamente imprescindibles para el crecimiento, podemos dejar de serlo paranaufragar masivamente hasta la más absoluta irrelevancia si no tenemos cuidadoy nos dejamos arrastrar por la frenética creatividad de los ingenierostecnológicos, la rentabilidad financiera egoísta o el consumismo irreflexivo.

Una eficazcooperación internacional se antoja hoy más que imprescindible, pero fenómenoscomo el Brexit, el Trumpismo y demás nacionalismos extremos,entre otros fenómenos, la están complicando mucho. La creciente pérdida deprestigio y crédito de los políticos tradicionales ha facilitado la emergenciade los más oportunistas y manipuladores que parecen arrastrarnos a modeloslocales y autoritarios del pasado, obsoletos para afrontar los enormes retosglobales que sobrevienen, lastrando mucho la indispensable colaboraciónplanetaria.

Desaprender,desmontar viejos paradigmas, cuestionarse convicciones y principios que hanpredominado en el éxito durante muchas décadas, para nada es fácil. Pero es imperativopara aprender, para evolucionar y poder instalar una nueva cultura, un nuevomodelo mental, un nuevo paradigma industrial, económico y social que nospermita navegar con éxito hacia el complejo y arduo futuro que se otea en elhorizonte con un calendario que parece venir cada día con más prisas.

Quizás losfilósofos deberán relevar a los nuevos ingenieros tecnológicos, quizás loscientíficos deban tener mucho más peso en las decisiones políticas. Quizás lasgrandes organizaciones, que manejan hoy nuestro rumbo más que los gobiernos máspotentes, tengan que empezar a cuestionarse con honestidad y valentía suestrategia. ¿Para qué crecemos? ¿Qué mundo futuro perseguimos? ¿Qué papel va ajugar la disrupción tecnológica en nuestro destino cómo humanidad? ¿Qué deudasy oportunidades queremos dejar a la siguiente generación?… Quizás seantiempos de una Smart reflexión para poner primero lo primero.