La sostenibilidad, digitalización y homologación normativa, centro de la diana del comercio internacional

Siempre se ha dicho que la información es poder, y en estos días, el problema no es la obtención de información. El problema radica, más bien, en cómo conseguir la comunicación del dato preciso y necesario en cada momento.

La incertidumbre actual a nivel económico, la actual situación geopolítica, los riesgos a los que se exponen los importadores y exportadores en su día a día -no solo con los desajustes en las cadenas logísticas, sino también con el manejo y control de información sensible, la duplicidad de los datos dentro de un mismo escenario y la vinculación de documentos con diversidad de actores, unido a las obligaciones tributarias o legislativas- están obligando al entorno de aduanas y todos sus marineros a una transformación cada vez más profesionalizada, y por supuesto, especializada. 

Todas estas variables son, en la actualidad, palanca de cambio para el profesional del comercio internacional, donde el representante aduanero debe tomar el timón de “un transatlántico” para arribar en cualquier puerto sin opción de abordamiento.

La información es poder

Siempre se ha dicho que la información es poder, y en estos días, el problema no es la obtención de información. El problema radica, más bien, en cómo conseguir la comunicación del dato preciso y necesario en cada momento, compartiendo -pero no duplicando- las transmisiones, con la única finalidad de conseguir que la emisión del dato se consiga de manera eficiente para cada una de las transacciones comerciales.

Los procesos digitales se posicionan cada vez más y con más rapidez dentro de las administraciones, pero esta carrera tiene distintos ritmos, no solo influenciados por las variables indicadas anteriormente, guerras, incertidumbre, problemas económicos…. sino también por el perfil de quien la trasmite, desde donde se transmite y sobre todo quién y para quien se trasmite.

La importancia del representante aduanero como profesional “formado y actualizado”

En este punto es donde podemos pensar que la nueva reestructuración que se plantea -con el objetivo de un comercio internacional seguro, sostenible y digitalizado, para combatir la incertidumbre y los problemas actuales- pone en el centro del tablero la importancia que juega el papel del representante aduanero, como “el profesional ampliamente formado y actualizado”, y la importancia de conceptos como la responsabilidad, la cooperación, los nuevos modelos de negocio online y la propia reforma del Operador Económico Autorizado (OEA).

En relación con la evolución del OEA, esta reestructuración debería estar enfocada en la importancia por identificar el rol de cada socio comercial dentro de la cadena logística internacional, de ahí el valor y responsabilidad del profesional aduanero para el despacho y la tramitación correspondiente, tanto de las importaciones y exportaciones como de las transacciones comerciales online y, por tanto, sus correspondientes simplificaciones, no solo con la eliminación de la duplicidad del dato sino con la apertura digital a las comunicaciones unificadas con las administraciones.

Por otra parte, cabe destacar que la importancia de la seguridad no se centrará sólo sobre el producto y, por tanto, los intereses del consumidor final, sino que estarán unidas con todas las gestiones de identificación de origen, la lucha contra el contrabando, las falsificaciones o la propia protección del medio ambiente. Esta seguridad se trasladaría al movimiento del producto y por tanto al rol de los nuevos operadores logísticos y sus vinculaciones con los depósitos y almacenes de productos en entornos cada vez más globalizados y automatizados.

Todo el engranaje necesario para la correcta y real comunicación entre socios comerciales, junto con todos los operadores que tramitan gestiones vinculadas indirectamente en las cadenas de suministro, precisa de una unificación dentro del territorio de la Unión y por tanto, de una sincronización entre las administraciones aduaneras, un estudio exhaustivo del origen de los ingresos aduaneros y una actualización – que no una modificación-, de la normativa aduanera. 

Todo esto, vuelve a colocar en la diana al representante aduanero, quien debe apoyarse en el OEA como la mejor brújula que guiara “un transatlántico” cuyo destino sea la certidumbre del comercio internacional, soportado en una digitalización que nos permita amortiguar la incertidumbre y los cambios que debemos enfrentar a corto plazo para reactivar la economía global.