La sostenibilidad europea, el gran reto para la pequeña y mediana empresa

En logística, el coste de la importación de los productos de climatización ha incrementado de manera exponencial: empezamos en el 2022 con el impuesto de gases fluorados, posteriormente llegó el de Restricción de sustancias peligrosas y residuos de aparatos eléctricos (RoHS / RAEE), seguido de la Tasa por kilo de plástico no reutilizable, y nos preparamos para el CBAM y el ETS. 

Llevamos años invirtiendo para impulsar la sostenibilidad de las empresas. Entre otros objetivos, las nuevas directrices nos llevan a integrar iniciativas que reduzcan las emisiones de carbono, impulsen la circularidad de los productos o incluyan el uso de materias primas procedentes de fuentes renovables.

Siendo conscientes de que es el camino a seguir para no comprometer la capacidad de generaciones futuras, ¿están todas las empresas preparadas para el cambio?

La sostenibilidad en sentido amplio implica que, además de generar una rentabilidad financiera a través de una buena gobernanza, debe generar un impacto positivo en la sociedad y el medioambiente.

Por ejemplo, en Eurofred, compañía multinacional experta en soluciones de climatización, aerotermia y calidad del aire, desde el 2014 medimos y compensamos nuestra huella de carbono a través de plantaciones en los países donde operamos y, a nivel social, desarrollamos mecanismos que aseguren la igualdad de oportunidades, entre otras iniciativas.

No obstante, uno de los mayores desafíos se encuentra al encajar los impuestos que traen consigo las nuevas normativas europeas.

Si concretamos en logística, el coste de la importación de los productos de climatización ha incrementado de manera exponencial: empezamos en el 2022 con el impuesto de gases fluorados, posteriormente llegó el de Restricción de sustancias peligrosas y residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RoHS / RAEE), seguido de la Tasa por kilo de plástico no reutilizable y, de cara al 2026, nos preparamos para el CBAM –sobre la importación de productos que emiten gases de efecto invernadero– y el ETS –sobre la compra de derechos de emisión del transporte marítimo–. 

Sólo con este último, se aplicará un recargo de entre 25€ / 40€ por teu, pero ya suponemos que se irá incrementando en función de los cambios que puedan hacer las navieras en sus buques, hasta reducir las emisiones en un 55% en el 2030, tal y como prevé el Fit for 55. 

Uno de los últimos en llegar es el impuesto que grabará la contaminación de los buques que escalen en los puertos de Catalunya, por los contaminantes atmosféricos de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas contaminantes (PM) que, al final no será más que otro coste a incluir por nuestros proveedores. 

La sostenibilidad implica que, además de generar una rentabilidad financiera a través de una buena gobernanza, debe generar un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente

A todo ello, además, debemos sumar la inversión de recursos y de desarrollos que aseguren la trazabilidad de su cumplimiento. ¿Son capaces de asumir todas las empresas –sobre todos las pequeñas y medianas– estos costes?

Entendemos el impuesto como un mecanismo necesario y temporal para acelerar la transición hacia un mundo más sostenible, que obliga a las empresas a acelerar la innovación, optimizar sus procesos, y pensar no meramente en el resultado económico, sino también en el desarrollo de flujos sostenibles y en el impacto en el entorno.

Todo cargo recae directamente sobre los resultados estos costes pueden afectar, justamente, a la capacidad de las compañías para desarrollar su transición sostenible. Afortunadamente, incluir iniciativas que incluyan criterios sociales, medioambientales y de buena gobernanza, es escalable al tamaño de cada empresa.

Hay un largo camino por delante y, más que nunca, todos los agentes de la sociedad debemos trabajar coordinados para alcanzar el objetivo común garantizando también la sostenibilidad de las empresas.